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Ignorar para olvidar: Unidad Hispanista reivindica Álava como origen del español


Ernesto Ladrón de Guevara | 12/09/2022

Este pasado fin de semana la asociación Unidad Hispanista ha disfrutado de un encuentro con el sacerdote franciscano, hasta ahora residente en Roma por sus funciones y como paleógrafo del Archivo Vaticano, Saturnino Ruiz de Loizaga.

Si por algo se ha caracterizado Saturnino es por haber sido un incansable investigador de las cuestiones antropológicas, paleográficas, y culturales, así como de todo lo que tiene que ver con la Edad Media en el occidente alavés donde converge el fenómeno de la aparición de Castilla con Burgos. Es, sin duda, el que más ha profundizado en las cuestiones relacionadas con los siglos del IX al XIII en este ámbito territorial, sobre todo en lo relacionado con la toponimia y el nacimiento del castellano como lengua romance derivada del latín. La amplitud de las cuestiones estudiadas respecto a aspectos de la vida medieval, como es la lengua, la cultura, la religión, los monasterios, la peste negra, etc, es tan amplia que su obra se recoge en más de treinta libros y de un centenar de artículos científicos, que hace de este franciscano Una referencia fundamental. Pero Saturnino no se caracteriza por su habilidad por hacerse un hueco en el entramado de buitres que asaltan el comedero de los departamentos universitarios, ya que lo suyo es fundamentalmente el sacerdocio católico, ni por tener la capacidad de mover las losas burocráticas de las administraciones públicas.

Saturnino Ruiz de Loizaga tiene ya el reconocimiento académico de su descubrimiento de las primeras palabras en lo que llamamos lengua castellana pero que en realidad es el español pese a que en España nos empeñamos en no llamarlo así y sacarlo de los aparatos administrativos controlados por quienes se empeñan de forma pertinaz de sacarlo de las aulas y de las vidas de las personas, con una contumacia balcanizadora de nuestro país. Y bien que lo estamos pagando con la caída en picado de nuestro PIB tanto económico como cultural.

Pero tenemos la desgracia de que esa lengua de seiscientos millones de personas en el mundo como lengua hablada, compite con el inglés, que tiene la ventaja de pertenecer al país más colonizador y explotador del mundo, a la que los medios de comunicación españoles y la presidenta de Madrid rinden pleitesía. No han parado hasta destruir los lazos de unidad entre los españoles de aquí y los del resto de lo que llamamos Hispanidad. Y surgió justo en Burgos, provincia, aunque su límite está a caballo con Álava.

Podríamos decir con exactitud conceptual que Valpuesta y su entorno es tanto Álava como Burgos, pues Castilla surge desde Álava. No hay más que analizar la simbología del escudo que representa el emblema de Álava, con su imagen de un castillo y un brazo protegido por una armadura empuñando una espada, y un lema que lo rodea diciendo en un claro español castellano: «En aumento de la justicia contra los malhechores». Digo desgracia porque Castilla y León tiene un patrimonio monumental enorme y un presupuesto ridículo para poder mantenerlo, con lo que se está cayendo a trozos, salvo la Catedral de Burgos que recibe la mayoría de los recursos para su adecuación.

Pero si a ustedes se les ocurre ir a Valpuesta a visitar la Colegiata que fue la sede de la diócesis de Valpuesta en el siglo IX junto a la de Armentia en Vitoria, se les caerá el alma a los píes por el abandonado estado en el que se encuentra, sin que nadie mueva un dedo ni para reconocer que fue la cuna del nacimiento del español, en los cartularios de Valpuesta investigados profusamente por Saturnino, ni restaurar una iglesia cuya monumentalidad no corresponde con las dimensiones de un pueblo tan chiquito, porque tuvo el honor de ser el epicentro de los valles de Losa, Mena y Valdegovía, este último en Álava. Ni de dar a Saturnino los honores y dignidades que merece por la gran obra de investigación y profusa documentación que ha descubierto sobre el nacimiento de Castilla dos siglos antes que el de San Millán de la Cogolla. Y Castilla y León, o mejor dicho sus políticos, actúan como timoratos y ruines pues no quieren enfrentarse con razones científicas a La Rioja, cuando, de lo que se trata no es de cuestiones políticas sino de evidencias ya demostradas.

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Tuvimos, gracias a la Asociación Unidad Hispanista, ese encuentro con Saturnino Ruiz de Loizaga en un pequeño pueblo del occidente alavés llamado Barrón, en la magnífica casa-torre Canto Blanco sumiéndonos en un aire medieval muy propicio para este tipo de reflexiones.

Y Saturnino se quejaba amargamente del abandono, descuido y desinterés de las autoridades de Castilla y León por una parte y de la ya característica actitud de negar las obviedades históricas para persistir en unos mitos, leyendas y mentiras sagazmente configuradas para tener al personal vascongado (más bien deberíamos decir vasconizado) en la luna de Valencia, con una eficacísima colaboración de unos medios de comunicación largamente sobornados. También nos habló Saturnino de una toponimia falsificada y unos nombres de los pueblos robados en todo el occidente alavés, por no decir también en el resto del territorio vasconizado.

Ponía el ejemplo para ilustrar este fenómeno de la profusa señalética que indica por doquier como ir al Valle Salado de Salinas de Añana, sin que aparezca ni un solo letrero que indique la orientación para llegar a Valpuesta, cuna del castellano, impidiendo así, torpemente por lo que respecta a Castilla y León, a que el turismo cultural enriquezca la comarca y el pueblo con más transeúntes que busquen la génesis del idioma que hablan, desde cualquier parte de España. Pregunten ustedes a cualquier paisano que pasa por la calle qué significado cultural tiene Valpuesta y comprobarán que le sonará a una localidad que bien pudiera estar en Murcia, Galicia o Canarias, sin que puedan asociarla a algo tan impresionante como el origen del mal llamado castellano.

No es el único caso. Me permito poner aquí tres imágenes de un monumento junto al que pasan la mayoría de los vitorianos en su paseo hasta el Santo, es decir, San Prudencio, patrón de Alava. Estoy seguro de que la mayor parte de mis paisanos desconocen quién es ese fraile llamado Fray Francisco de Vitoria (dominico) que jalona el paseo a media distancia entre el núcleo urbano del centro de Vitoria y la Basílica de San Prudencio, esta sí conocida por todos, pues es a donde se va en romería en la fiesta del Patrón alavés.

Y tampoco es de extrañar. Viendo el lamentable estado de conservación de dicha estatua conmemorativa de eminente representante de la Escuela de Salamanca del derecho internacional y de los derechos humanos, germen de las leyes de Indias compiladas por Solórzano y del mandato testamentario de Isabel la Católica que legaba su deseo humanitario de respetar, dignificar, evangelizar y cuidar a los habitantes de aquellas tierras descubiertas en la otra parte del Atlántico, es lógico que quien transcurra al lado de este símbolo evocador de tan majestuoso personaje, piense que es un ser sin importancia. Para que vean que no exagero les incluyo a continuación tres fotos, una delantera, donde se cae la piedra a trozos, la segunda trasera, con el mensaje de James Brown Scott y la última de escorzo.

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Podrán ver, o mejor dicho no ver, la negrura que revela indiferencia, asco o repudio al personaje, pese a ser en fundador de los derechos humanos en sentido estricto. No lo digo yo, lo significa James Brown Scott anglo y protestante. La placa evocadora de esto no la he puesto yo. El monumento da pena y refleja la decadencia cultural, la dejadez y el abandono espiritual al que hemos llegado. Verdadera miseria moral.

No es este el único caso. Ramiro de Maeztu, personalidad de reconocimiento internacional por la profundidad de su pensamiento está siendo sometido a un olvido intencionado. Fue asesinado por las hordas rojas a sangre fría y arrojado a una cuneta, y él no empuñaba arma alguna y seguro que jamás lo había hecho pues su única defensa era la palabra y la inteligencia. Olvidado.

José Calvo Sotelo, que dio nombre a mi calle, representante de la oposición, vilmente arrancado de su domicilio familiar e igualmente liquidado mientras se le desplazaba en un coche a no se sabe dónde. Su delito fue ser el jefe de la oposición. Los ignorantes de rebuzno dicen que fue franquista. No tuvo tiempo de conocer la sublevación militar, como lo iba a ser. En su lugar se ha puesto el nombre de calle Francia, como si los franceses nos hubieran ayudado algo en nuestra historia nacional. Probablemente lo que deseaban los que propusieron esa sustitución es que fuéramos colonia de Francia o de Inglaterra, ambas muy bien colocadas en la línea del planteamiento de la masonería.

Y así, suma y sigue. Pero a Saturnino Ruiz de Loizaga, descubridor del nacimiento del español, ni agua.
Quizás por ese motivo ahora me explico por qué cuando yo propuse en las Juntas Generales de Álava, en el año 2004, una moción en la que se reconocía los méritos y el derecho a ser dignificado como hombre grande de Álava a aturnino me encontré con la sorpresa de que el único partido que explícitamente me apoyó fue el PNV, y la moción salió adelante, pero nunca más surgió iniciativa alguna, acción o reconocimiento institucional tras ese hecho. Se podría aplicar el aserto de que el abrazo del oso es la mejor forma de dejar neutralizado algo que no entra en los planes del que abraza, es decir de un PNV que de forma tan habilidosa dejó sin resultado práctico la intención que subyacía en la moción para el reconocimiento del castellano como lengua propia de Álava.

Ernesto Ladrón de Guevara: Los nombres robados: Manipulación, falsificación y rediseño de los topónimos vascos. Letras Inquietas (Noviembre de 2019).

Imagen: Euskal Herrian Euskaraz: Señal de tráfico con el indicativo de Vitoria tachado

 

Ernesto Ladrón de Guevara
Ernesto Ladrón de Guevara López de Arbina es un alavés enamorado de su cuna natal. Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Autor de libros como Nueva defensa de la Hispanidad, Los nombres robados, Educación y Nacionalismo (Historia de un modelo), Educando: Alternativas a la farsa pedagógica, La configuración del sistema educativo en Álava: Centralización y foralismo y La conformación de las masas: Qué es educación y qué no es. Lleva años colaborando en diferentes medios de comunicación digitales con sus artículos críticos respecto al uso y el abuso de la educación como medio instrumental para el logro de objetivos políticos mediante el adoctrinamiento. En la actualidad, escribe en La Tribuna del País Vasco y El Correo de Madrid y colabora en Radio Ya.

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