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Lee aquí un extracto de Imperium, Eurasia, Hispanidad y Tradición


Carlos X. Blanco | 06/06/2021

En la historia de Europa nunca se ha dado un olvido completo de la Idea de Imperium. En rigor, esta es la idea de un Estado soberano que aglutina la diversidad de etnias, de naciones.

En rigor el Imperio es la Soberanía. Y, como sostiene Carl Schmitt, la Soberanía es el Poder sobre las últimas cuestiones, la instancia decisoria definitiva, terminante, cuando las otras instancias han sido agotadas. Este concepto de Soberanía prevalece sobre la accidental forma, extensión o composición de los estados. El concepto de Imperium y de Soberanía recubre enteramente el concepto contingente, azaroso desde el punto de vista histórico, de los estados, especialmente de los estados-nación.

Es cierto que el paradigma de Imperium du-rante el transcurso de los siglos medievales fue el romano. Esta conciencia nostálgica dio pie a lo que Ortega señala como el carácter dúplice, de «hombre escalonado» del occidente medieval. El germano ya mezclado con el romano y prerromano ponía su mirada en una lejana Antigüedad en la que cifraba su anhelo de olvidar la barbarie y superar la ausencia de derecho, la sublimidad de una moral transmutada en Estado, el imperio de una Ley y de un modo de vida superior. Pero el resto del tiempo, el tiempo en que no se podía pensar en edades de oro, era el tiempo feudal y bárbaro, un tiempo que él llevaba consigo y que él no hacía sino consumar, hacer efectivo. Así nace la prodigiosa idea medieval de un Imperio igualmente escalonado, con al menos dos superficies jerárquicamente dispuestas, una en plano superior, realización mística y desiderativa de aquel Imperium perdido. La otra, en una superficie más pedestre de la realidad, era la correspondiente a las baronías y principados, reinos y ciudades autónomas, donde la vida local y étnica se llevaba a cabo «acorde con los tiempos», tiempos en los que verdaderamente la germanidad se iba dotando de una propia idea de Estado, se iba invistiendo de unas formas legales y de soberanía subsidiaria propias de su pasado más ancestral. El pasado era el propio de una Democracia guerrera, en la que la asamblea (Thing) de hombres armados era la instancia decisiva pero no absolutista. Esta Asamblea se desenvolverá en términos de unidades políticas de variada composición étnica, más homogéneas al principio, en la era de las grandes migraciones, y más heterogénea ya tras el asalto a la romanidad.

En cualquier caso las unidades populares-militares devinieron unidades políticas tras la caída del Imperio y en ellas el cariz jerárquico y personal de la lealtad deviene en algo así como la «ley del medievo». Es el juramento personal o de un individuo, de un pueblo o de una unidad política el que establece la jerarquía de poderes. Las personas intrínsecamente libres no son «ciudadanos» al estilo latino o, después jacobino, sino soberanos en su esfera al tiempo que vasallos leales ante instancias más elevadas, si las hubiera. La instancia más elevada en la cadena de lealtades vendría a ser así, precisamente, la idea aglutinante del Imperio en el medievo.

 

 

«Romano» en cuanto que se recupera el viejo sueño, el escalón superior de la Antigüedad, de la pax romana sujeta a una suprema Ley. “Germánico” en cuanto que el componente principal de aquella Idea recuperada a la vez que superada (aufhebung) era el ethnos de los nuevos europeos, los migrantes e invasores que se adueñaron del occidente romano y quienes impusieron el nuevo sentido «democrático» de la sociedad y la política. Es poder del Pueblo no en el sentido de una igualdad nivelada por una «carta de derechos», sino del Pueblo previamente jerar-quizado en cadenas de lealtades entre hombres libres. La existencia fáctica de esclavos y de siervos en condiciones próximas a la esclavitud no debe empañar este esquema. De acuerdo con Oswald Spengler, se trataría de auténticas pseudomorfosis, fósiles vivientes que, por cierto, el Islam reactivaría en el sur y en el este de nuestro continente.

(…)

Carlos X. Blanco, Eduard Alcántara y Robert Steuckers: Imperium, Eurasia, Hispanidad y Tradición. Letras Inquietas (Mayo de 2021)

Nota: Este artículo un extracto del citado libro

Imagen: Couleur: Escultura de Julio César

 

Carlos X. Blanco
Carlos X. Blanco es profesor, escritor y columnista de, entre otros medios, La Tribuna del País Vasco. Doctor en Filosofía, está considerado como uno de los principales expertos españoles en la batalla de Covadonga y en el inicio de la Reconquista. A este tema ha dedicado, a lo largo de los últimos años, dos obras claves, tanto novelísticas como ensayísticas. Se trata de la novela histórica La luz del norte y el estudio De Covadonga a la nación española, con prólogo de Robert Steuckers. Ambos trabajos están editados por EAS. Recientemente, ha publicado con la editorial Letras Inquietas las obras Ensayos antimaterialistas, El Imperio y la Hispanidad y El virus del liberalismo.




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