Un libro imprescindible para comprender un mundo desalmado – Adáraga


Un libro imprescindible para comprender un mundo desalmado


Alba Lobera | 12/09/2020

Don José Antonio Bielsa, natural de Teruel, es un distinguido erudito instruido principalmente en materias filosóficas y de Historia del Arte. Crítico de cine y literario, ha hablado en numerosas ocasiones sobre el Nuevo Orden Mundial desde un contexto político-social, recibiendo así sus artículos y entrevistas radiofónicas una gran acogida por parte de un público muy variado y de intenciones divulgativas. Autor de otras publicaciones, siendo más de una Bestseller, sus obras literarias se construyen principalmente en una base ensayística o articulista, primando una rigurosa investigación en los datos presentados.

Satanocracia: La destrucción del Viejo Orden Cristiano se divide en dos bloques, cuyo desarrollo está encabezado con subtítulos que marcan un orden cronológico en función de ciertos capítulos históricos partiendo desde el Renacimiento, catalogado como algo tan positivo como contrario en comparación con la Edad Media, dando pie a la estigmatización y a la deificación del hombre. La introducción del libro expone el causante principal de esta labor de difusión y normalización satánica: las agencias de noticias y derivados cuya línea de desinformación y censura tienen como objetivo generar la confusión entre sus receptores, así como la incapacidad de distinguir entre lo real y lo falso. De esta forma, cuestiones más profundas como el núcleo de un evento, curso o el significado exacto de la palabra o imagen, quedarían ensombrecidas en un plano de maleable ignorancia.

Yendo más allá con referencias a explícitos discursos como los de John Fitzgerald Kennedy, David Rockefeller, Franklin D. Roosevelt o la mención a El imperio de la ficción de Pedro Bustamante, el autor mantiene que los medios de comunicación son el ápice de una macro industria al servicio de un público selecto que trabaja para instituciones, lobbies, think tanks o factorías del pensamiento que a su vez estarían por y para una tendencia mucho más profunda.

«Nuestra triple perspectiva de estudio (histórica-política-teológica) tan sólo aspira a reunificar las piezas dispersadas de un puzle desparramado por la violencia sinárquica (…) su dinámica devastadora no va dirigida por un ente concreto y visible, sino por una enredadera de dispositivos solapados al servicio de la Satanocracia supranacional».

De esta forma, la primera parte del libro posicionaría en el centro a la filosofía, señalizando a pensadores clásicos como Erasmo: «[Erasmo] que tanto sabía de todo, de lo divino y lo humano, tan sólo se limitó con sus controversias a atizar los leños ardientes de la herejía, desencadenando un debate doctrinal cuyas consecuencias ni él mismo hubiera podido imaginar. Luego lo lamentó, y mucho» quien habría respondido desde su discurso «al violento hereje» Lutero, fracasando estrepitosamente. Las páginas siguientes continúan desgranando las corrientes filosóficas con la intención de profundizar más allá de ambos humanistas, dedicando otro capítulo a la influencia de Lutero y sus pasos. El progreso verbalizaría la «filosofía ilustrada, masónica y progresista al tiempo».

La pieza clave que el autor otorgaría en esta parte es la importancia del papel que la razón adquirió entonces, algo ejemplificado con el Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano que caracterizaría «una ciega confianza en el progreso científico».

«Como consecuencia de esta radicalización, las ciencias sociales y morales tendrían que adoptar el método de las ciencias naturales (positivismos), para así perfeccionar las instituciones sociales. Surgiría la utopía materialista atea de Condorcet, consumada en una sociedad de presuntos hombres libres sin otro amo que la razón».

Paralelamente, se encontraría alimentada por el Renacimiento científico y el resto de cambios que se generaron sincrónicamente en la literatura, las bellas artes e incluso en el resto de países.

España no iba a ser menos: por lo que podemos leer, los intentos de un proyecto tan criminal como relata el libro se frustraron en el país durante el acontecimiento de la Guerra Civil. Aun con todo, el «escenario patrio» en sí sería «roturado y triturado por medio de la guerra psicológica contra la población civil, amén del ataque y quema recurrente de iglesias y conventos, con especial violencia en la tanda de 1934, con el golpe de Estado de la izquierda».

Tal profanación al cristianismo se ha multiplicado con más fuerza en todas las fronteras europeas, algo a lo que el señor Bielsa dedica un subapartado bajo el nombre de Europa: la Capilla profanada aludiendo también a la masificación de voluntades propicia de «jóvenes y no tan jóvenes» que habrían abandonado sus principios a merced del consumo egoísta y placeres efímeros que caracterizan tal Satanocracia. Un punto histórico para simbolizar «el último agarradero sólido que le quedaba a la Iglesia Católica Romana» es, ni más ni menos, la España del General Franco.

Esto es algo que desarrolla la segunda parte del libro tras haber analizado otro de los factores de programación propagandística: la docencia, principal líder de la conformación del hombre-masa. Términos como «democratización del talento», «hipersexualización de la infancia», la «educación mixta», «seudo-feminización» y «Agenda LGTB» son subrayados desde la repercusión y eficacia que una operación tan consensuada como la que nace desde altas corporaciones y logias puede desarrollar.

«Observamos estremecidos cómo las más tiernas cabezas, tan maleables, han normalizado la deriva nihilista dentro de sí».

Adornada con una frase introductoria muy esclarecedora («Nadie entrará al Nuevo Orden Mundial, a menos que él o ella hagan una promesa de rendir culto a Lucifer») y avanzando en el tiempo, el siglo XXI habría continuado incrementando la voz de las Tinieblas. Tras realizar un examen a los conceptos satanismo y luciferismo, don José Antonio dedica los capítulos finales a marcar los progresos de la Satanocracia, así como su normalización y conquista a lo largo y ancho del territorio español por medio de la estética, la ideología y los ritos, no pasando desapercibido el testimonio de Mel Gibson que trataría al detalle su experiencia en primera persona en Hollywood (bosque de acebos), además de hacernos recordar, como consta en la introducción de este trabajo literario, los recursos que la prensa tiene para desestimar una información, silenciándola, tergiversándola o directamente catalogándola de falacia o fake news.

Los capítulos posteriores verbalizan cómo el sistema actual silencia el nombre de Jesús y la tradición pero no el consumismo, alimentando de esta manera la falsa idea de qué es progreso y qué no (Los sin Dios), dedicando unas líneas a los términos Apocalipsis y Anticristo. Sin preámbulos nos zambullimos en el subapartado final que directamente expone al Gobierno de la Bestia que tan insistentemente se ha vaticinado desde las Sagradas Escrituras y desde la boca de numerosos Sabios. La teoría que desde un espíritu incisivo se ha expuesto en párrafos anteriores, eclipsa con los cuantiosos ejemplos que el autor brinda desde las corporaciones (Atresmedia, Fundación Rockefeller, Unicef, etc) hasta los linajes principales que guardarían un poder más discreto que secreto  (Onassis, Rockefeller, Marlborough etc.).

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Un aparente sinfín de armas de esencia viperina que devoran poco a poco al hombre de a pie, incitándolo a dejarse someter por su esencia más primitiva: «El hombre, cada día menos religioso, cada día menos hombre, se aproxima a paso de gigante a la caverna del simio. Y el simio emerge, a cada bostezo de alma que abdica, con lubricidad simiesca renovada. Sí: un simio late dentro de cada hombre posmoderno. En lo más profundo de su corazón, el hombre moderno alberga a ese simio retozante que reclama sus derechos bestiales: desenfreno, lujuria y avasallamiento. Y esto, ¿a dónde conduce? A una cCaída, a la más terrible de las caídas: he aquí el consabido e irrepresentable Gobierno de la Bestia, tramo final del Nuevo Orden».

El señor Bielsa pule el final de su trabajo con una conclusión tan esperanzadora como sólo un cristiano de corazón es capaz de vislumbrar: «La victoria final… será. El bien, que es ilimitado, vencerá al mal, limitado; lógica aplastante e implacable».

Podríamos catalogar Satanocracia: La destrucción del Viejo Orden Cristiano como un libro crudo y recto que se acerca a sus lectores desde una perspectiva franca. La dureza de su información despliega las bondades que sólo una exhaustiva documentación puede ofrecer, la cual, a su vez, se mantiene ligera de principio a fin gracias a la ausencia de adornos y otros remilgos pragmáticos corteses. Guiando al lector por un camino sólido y previamente marcado con subapartados breves, el libro del señor Bielsa estaría destinado a un público ya conocedor de un mínimo de vías y aspectos alternativos. Los datos compartidos a cada hoja supondrían una sobrecarga para el interesado primerizo, quien pese a contar con referencias bibliográficas y anotaciones a pie de página podría sentir un choque de realidades y verse abrumado entre lo auténtico y ficticio, cayendo incluso en un halo de negatividad pese al atisbo de luz que el señor Bielsa recalca en la conclusión.

Por otro lado, esa referencia a la programación civil por medio de los medios de comunicación sirve como un recordatorio ante cómo nuestros canales informativos son presa de una feroz industria. A su vez, traza una forma circular para con el capítulo final, más centrado en la era actual y en la influencia del consumismo y desinterés presente, sobre todo, en el terreno cibernético. ¿Qué ha sido de nosotros? ¿Por qué hemos llegado a este punto y con qué se nos ataca? La unión hace la fuerza y así se han organizado las unidades sistemáticas para quebrar la humanidad que caracterizaría a una sociedad, sin olvidar a España.

Un libro muy recomendable, prácticamente imprescindible, para todo aquel que desee ampliar sus conocimientos sobre este desalmado mundo.

José Antonio Bielsa Arbiol: Satanocracia: La destrucción del Viejo Orden Cristiano. Letras Inquietas (Agosto de 2020)

 

Alba Lobera
Alba Lobera ha realizado estudios de periodismo y filología hispánica en la Universidad de Zaragoza. Completó su experiencia en radio graduándose en una academia de Locución y Doblaje, ingresando en el Banco de Voces. Paralelamente, y gracias a su orientación académica, fue admitida en el Instituto Cervantes para formarse como profesora de español. Mientras combinaba sus estudios superiores colaboró en el grupo de investigación GICID y CICID desde la rama de la educomunicación, participando en congresos, seminarios y proyectos. Actualmente colabora en numerosos medios de comunicación como tertuliana, redactora, locutora e investigadora. Es administradora del blog Mundo Viperino, espacio en el que suele difundir sus trabajos de investigación a través de plataformas como UgeTube o su propio canal de YouTube.






Revista digital y en papel para la reconquista cultural.
Adáraga: ant. Escudo de cuero usado en la España medieval.



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