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La soberanía tecnológica de la Unión Europea: una dependencia preocupante


Elena Fritz | 27/06/2024

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A la luz de la rápida evolución de la geopolítica mundial y del auge de la tecnología en el ámbito estratégico, han surgido varias preguntas importantes. ¿Cómo han afectado los acontecimientos de los últimos años, incluidas las pandemias, las guerras, el proteccionismo y las sanciones, a las cadenas de suministro y las relaciones mundiales establecidas? ¿Qué impacto ha tenido el alejamiento de la globalización tradicional y el auge de los bloques tecnoeconómicos en la dependencia tecnológica de los Estados? ¿Por qué intenta la Unión Europea (UE) dominar las tecnologías clave en los campos de la microelectrónica, la informática cuántica, la inteligencia artificial (IA) y el blockchain, y cómo intenta ganar soberanía tecnológica? ¿En qué medida se ven afectados Alemania y la UE por esta evolución y hasta qué punto están en condiciones de lograr y mantener la soberanía tecnológica?
El siguiente artículo pretende dar respuesta a estas preguntas y subrayar la urgencia de adoptar medidas para reforzar la soberanía tecnológica de Europa, especialmente la de Alemania.

Definición de soberanía tecnológica

Pero, ¿qué significa realmente «soberanía tecnológica»? Este término describe «la capacidad de los individuos y las organizaciones para desempeñar sus funciones en el mundo digital de forma autónoma, autodeterminada y segura». Thierry Breton, comisario europeo de Mercado Interior y Servicios, definió su concepción de la autonomía estratégica, que en general está directamente vinculada al concepto de soberanía tecnológica, en su discurso de apertura en 2020. Comentó lo siguiente: «La autonomía estratégica no consiste en proteccionismo. No se trata de cerrar las puertas a nuestros socios, aislarnos o bloquear la inversión extranjera. Más bien, en mi opinión, se refiere a la capacidad de elegir a la hora de desarrollar y mantener nuestras infraestructuras, tecnologías, capacidades y competencias, y de reducir las dependencias críticas de terceros países para poder contar con los nuestros propios en caso necesario».

Esto plantea la cuestión del equilibrio: ¿qué prevalecerá, el desarrollo de nuestra propia producción de alta tecnología o la implicación de socios externos en la cooperación? Para llegar al fondo de esta cuestión, empecemos con una visión general de cómo se está preparando Europa para la autonomía tecnológica y si esto es siquiera posible en un futuro previsible.

Medidas para implantar la soberanía tecnológica

En primer lugar, hay que subrayar que la UE no está iniciando desde cero su camino hacia la «libertad y seguridad tecnológicas». Los Estados miembros de la UE disponen de amplios conocimientos tecnológicos. Por ejemplo, todo el mundo ha oído hablar de la finlandesa Nokia, las alemanas Siemens y Bosch y la francesa Orange.

La UE también tiene mucho que ofrecer en el campo de la microelectrónica, como ASML Holding de los Países Bajos, el mayor proveedor mundial de sistemas de litografía para la industria de semiconductores. Infineon Technologies AG es un fabricante alemán de semiconductores y NXP Semiconductors es un fabricante holandés de semiconductores. La empresa francesa Atos fabrica superordenadores y también desarrolla ordenadores cuánticos. Esto significa que la Unión Europea en su conjunto cuenta con una amplia base. Esta amplitud es necesaria para navegar por el «océano tecnológico» de forma relativamente autónoma y segura (y para competir con los «tiburones» estadounidenses y chinos en el futuro).

Otras medidas para lograr la autonomía tecnológica

En primer lugar, la UE concede gran importancia al desarrollo de normas y estándares tecnológicos en el espacio digital. Por ejemplo, ya existe una ley sobre la protección de datos personales (GDPR), y en menos de dos años entrarán en vigor otras leyes como la Ley de Mercados Digitales (DMA) y la Ley de Servicios Digitales (DSA). Estas dos legislaciones restringen significativamente lo que las empresas tecnológicas pueden hacer con los datos de sus usuarios europeos y qué anuncios personalizados pueden mostrarles en línea, por ejemplo. Según los expertos, las empresas europeas dependen en un 90% de los proveedores de servicios estadounidenses, lo que plantea riesgos en términos de control del acceso de terceros a los datos, espionaje, ciberamenazas y seguridad de acceso. La línea del Parlamento Europeo es que la adopción de los nuevos proyectos de ley no sólo brinda la oportunidad de marcar el rumbo de la economía digital en la UE, sino que también puede convertirse en una referencia mundial para el desarrollo de normas que compensen el retraso de Europa en la competición por el liderazgo tecnológico. La apertura de la oficina de la UE en Silicon Valley en septiembre de 2022, que dará a los reguladores europeos acceso directo a los gigantes tecnológicos estadounidenses, demuestra la seriedad de la Unión en su intención de asumir un papel de liderazgo en la regulación de la tecnología.

En segundo lugar, la UE está aumentando los presupuestos de I+D (investigación y desarrollo) y desarrollando el programa marco de investigación e innovación Horizonte Europa (los principales objetivos de Horizonte Europa son reforzar la investigación en los ámbitos del cambio climático, la sostenibilidad y la competitividad de la UE), que contará con un presupuesto de unos 95.500 millones de euros para el periodo 2021-2027. Cabe destacar el desarrollo de los programas de investigación de la UE en el campo de la informática cuántica. La UE ha hecho de las tecnologías cuánticas una prioridad desde 2018 y ha asignado 1.000 millones de euros para financiar programas de investigación colaborativa durante los próximos diez años. El Quantum Flagship, por ejemplo, es una de las iniciativas de investigación más ambiciosas de la UE y se considera la mayor organización internacional de financiación de las tecnologías cuánticas. El temor es quedarse rezagado en la carrera cuántica, ya que ello plantea graves riesgos, incluso para la ciberseguridad (se espera que los ordenadores cuánticos sean capaces de descifrar los protocolos de cifrado existentes en cuestión de segundos). Según los expertos, la criptografía cuántica y los ordenadores cuánticos también podrían figurar en la lista de bienes estratégicos y de defensa y, por tanto, estar sujetos a restricciones a la exportación.

En tercer lugar, se están habilitando fondos para el desarrollo y la fabricación de productos propios de alta tecnología. Por ejemplo, la Comisión Europea anunció la Ley Europea de Chips en febrero de 2022. La UE planea desarrollar y producir sus propios semiconductores avanzados para reducir su dependencia del goteo estadounidense-asiático. Como parte de esta ley, la Comisión prevé destinar 11.000 millones de euros de financiación pública a la investigación, el diseño y la producción de semiconductores. Para 2030, se prevé un total de 43.000 millones de euros de inversión pública y privada con el fin de aumentar la cuota de la UE en el mercado mundial de semiconductores del 9% al 20%. Además de los semiconductores, la UE necesita su propia potencia informática avanzada (superordenadores y tecnologías cuánticas) para ser tecnológicamente independiente de Estados Unidos y Asia Oriental en cuanto a hardware informático básico. Por ello, la UE está lanzando una iniciativa para construir superordenadores, incluidos los de exaescala. El 13 de julio de 2021, el Consejo Europeo adoptó un reglamento por el que se creaba la empresa comunitaria EC EuroHPC (con sede en Luxemburgo) para construir una infraestructura de supercomputación de categoría mundial en toda Europa con el fin de satisfacer las necesidades de los usuarios y desarrollar un ecosistema de investigación e innovación para las tecnologías de computación de alto rendimiento. Para dotar a Europa de una infraestructura de supercomputación líder en el mundo, la EC EuroHPC ha adquirido ocho superordenadores repartidos por toda Europa. Cinco de estos superordenadores ya están en funcionamiento: LUMI en Finlandia, Leonardo en Italia, Vega en Eslovenia, MeluXina en Luxemburgo, Discoverer en Bulgaria y Karolina en la República Checa. Actualmente se están instalando otros dos superordenadores: MareNostrum5 en España y Deucalion en Portugal. Además, estos superordenadores van a funcionar con microprocesadores fabricados en Europa. Por ejemplo, la UE ha puesto en marcha un plan de desarrollo de microprocesadores para la informática de alta eficiencia energética, conocido como Iniciativa Europea de Procesadores (EPI). Empresas emergentes como Sipearl o Tachyum se encargan del desarrollo de procesadores como parte de la EPI y pretenden que Europa dependa menos de fabricantes estadounidenses como AMD o Intel.

El reto de la soberanía tecnológica en Europa

La cuestión de la soberanía tecnológica de Europa está en el centro de los debates políticos actuales. En particular, las declaraciones de Thierry Breton, comisario europeo de Mercado Interior, que insiste en que la Unión Europea debe garantizar su independencia tecnológica y contar con sus propios recursos cuando sea necesario, han avivado el debate. Sin embargo, en el mundo globalizado de hoy, los límites de la soberanía tecnológica son difíciles de definir y esto es evidente en varios sectores y aspectos.

La microelectrónica constituye la base de la industria de las tecnologías de la información y es una ilustración llamativa de los retos a los que se enfrenta la UE. Numerosas empresas participan en la producción de microchips en todo el mundo, algunas especializadas en el diseño de chips (fabless), mientras que otras se centran en la producción (foundry). Esta red mundial abarca países como Estados Unidos, Taiwán, Corea del Sur y Alemania. Sin embargo, ninguna empresa dispone de todos los recursos, componentes y materiales necesarios en microelectrónica.

Dependencias y recursos

Gran parte de los recursos necesarios proceden de distintos países y crean dependencias. China, por ejemplo, es un importante proveedor de tierras raras, indispensables en la producción de semiconductores. Los gases inertes, necesarios para la fabricación de semiconductores, proceden de países como Rusia y Ucrania. Las máquinas de fotolitografía, un paso crucial en el proceso de fabricación, son producidas principalmente por ASML en los Países Bajos. La empresa alemana Siltronic AG es uno de los principales fabricantes de obleas de silicio, y la japonesa Showa Denko KK suministra importantes productos químicos para la producción de microchips. Estos ejemplos ilustran la interdependencia global de la industria de los semiconductores.

La necesidad de cooperación

En vista de estas interdependencias globales, es casi imposible sustituir toda la cadena de producción de semiconductores o muchos otros productos de alta tecnología únicamente por producción nacional. Esto plantea a la UE el reto de consolidar y cooperar con los socios y aliados adecuados para reforzar su soberanía tecnológica.
Para promover esta cooperación y garantizar un suministro continuo de microchips, la UE ha adoptado la Ley Europea del Chip. Esta ley pretende promover la inversión en la industria y garantizar la localización de la producción en Europa de los principales fabricantes de chips avanzados, como Intel y TSMC. Intel ya se ha comprometido a invertir 80.000 millones de euros en el desarrollo de la industria de semiconductores en la UE durante los próximos diez años.

Sin embargo, la UE aún no ha experimentado la misma cooperación fluida con TSMC que con Intel. Aunque ha habido conversaciones sobre la localización de la producción de TSMC en Europa, éstas se han estancado, probablemente debido a cuestiones sobre subvenciones gubernamentales, reservas de mano de obra y peticiones de los clientes. En cambio, Estados Unidos ha convencido a TSMC para que construya una fábrica en Arizona, lo que indica el deseo de la empresa de alejarse de su cadena de suministro taiwanesa.

El papel de la UE en la industria de alta tecnología

En otras industrias de alta tecnología, como la tecnología cuántica, también existe cooperación, pero con diferencias de opinión sobre cómo debe trabajar la UE con otros países. Mientras que países como el Reino Unido, Suiza e Israel están dispuestos a unirse a los programas de investigación de la UE para colaborar en la investigación cuántica y espacial, Thierry Breton subraya la importancia de crear capacidades europeas independientes en el desarrollo y la producción de ordenadores cuánticos.

Con el telón de fondo de un entorno internacional incierto y de nuevos retos, la UE se esfuerza por mantener la unidad transatlántica no sólo en el ámbito político-militar, sino también en el tecnológico. Esfuerzos similares pueden observarse al otro lado del Atlántico, donde Estados Unidos se refiere a sus aliados y socios como «multiplicadores de fuerza».

El Consejo de Comercio y Tecnología (TTC), fundado en 2021, pretende promover la cooperación transatlántica en diversos ámbitos tecnológicos. Sin embargo, la cuestión de hasta qué punto los intereses de EEUU y de la UE están equilibrados en el TTC sigue sin respuesta. Los expertos ven el peligro de que dominen los intereses estadounidenses, sobre todo en lo que respecta a la regulación de la tecnología. No obstante, el TTC es un paso importante hacia la coordinación y la consolidación en el sector tecnológico.

Necesidad de acción para Europa en la carrera digital

La carrera digital mundial está en pleno apogeo y la soberanía tecnológica de Europa, especialmente de Alemania, está en juego. Para seguir siendo competitivos, es crucial aumentar la inversión en investigación e innovación. Para ello es necesario promover iniciativas de alta tecnología y garantizar una mano de obra cualificada para tecnologías orientadas al futuro como la inteligencia artificial y la computación cuántica.

La cooperación y las alianzas a nivel nacional e internacional son esenciales para alcanzar objetivos comunes y asegurar las cadenas de suministro. La regulación debe ser favorable a la innovación y animar a las empresas a invertir en áreas tecnológicas prometedoras sin obstáculos burocráticos.

Se necesita una estrategia nacional y europea clara para asegurar la ventaja competitiva. Esto requiere objetivos a largo plazo y medidas a corto plazo para promover la soberanía tecnológica, así como la provisión de fondos para la investigación y el desarrollo.

Quedarse quieto no es una opción en el mundo digital. Europa y Alemania deben actuar con decisión para dar forma a un futuro competitivo y tecnológicamente soberano. Dar forma a la era digital está en nuestras manos y es hora de aprovechar esta oportunidad.

Traducción: Robert Steuckers