Revista, podcast y blog heterodoxo

Sobre la destrucción de símbolos de nuestro heroico pasado


Ernesto Ladrón de Guevara | 14/06/2020

Vivimos nuevamente una oleada de agresiones contra el espíritu fundacional de la acción civilizatoria hispana en América, tras el descubrimiento del continente por Colón. Las estatuas del genovés encomendado por los Reyes Católicos a navegar en la búsqueda de las Indias orientales cruzando el Atlántico están siendo derribadas y decapitadas en los Estados Unidos por las hordas satánicas que preconizan el Nuevo Orden Mundial contra Trump. Con la pasividad estúpida de los españoles que deberían tener un orgullo sano y justo de la gran empresa desarrollada por el legado de Isabel la Católica y sus sucesores por línea dinástica hasta la llegada de los Borbones.

Habrá que recordar que el Imperio español fue, como decía Gustavo Bueno, generador, no depredador como fueron los desarrollados por el mundo protestante; aplicando el derecho romano que establecía que todo territorio conquistado debía ser dominado con derecho pleno de apropiación. En contra, el Imperio español establecía, por mandato real tanto de los Reyes Católicos como de sus sucesores inmediatos Carlos I y Felipe II, que cada territorio descubierto y civilizado bajo el auspicio de la religión católica, tenía que respetar a sus gentes indígenas y tratarlos con respeto, considerándoles súbditos de la corona; asimilándolos a los conquistadores. Y no abusar de ellos, y protegiendo su vida y hacienda.

El tan mentado genocidio español es una vulgar patraña carente de toda veracidad historiográfica. Una sarta de mentiras entretejidas para poner en cuestión a España y sus raíces culturales y antropológicas, porque así se impide ver la verdadera naturaleza de las importantes gestas de los españoles en América que no admiten la más mínima comparación con la nula aportación de los invasores anglos bajo la batuta de las logias y el sionismo para derrumbar la obra cristianizadora en América. Cada una de las piedras de los edificios de las Misiones, de las iglesias, hospitales, universidades (23 en contraste con la ausencia de ellas en el espacio dominado por los ingleses hasta momentos tardíos) etc dan testimonio de ello. Lo mismo que el contraste entre la hibridación de los hispanos con los indígenas que ha producido el mestizaje más rico y abundante del mundo, dando reflejo de la convivencia entre los que allí llegaron y los allí preexistentes. Cuestión que no sostiene la leyenda negra que se la deberían aplicar los acusadores, por la ausencia de mestizaje alguno en las américas de dominio francés, holandés o inglesa.

Ricardo Levene en su obra No eran colonias afirma: «Toda la organización institucional de Castilla y León se transvasaba en Indias, adaptándose al medio y transformándose a su influencia. Se crearon órganos centrales y dirigentes en la metrópoli, como la Casa de Contratación y el Consejo de Indias, que señalaron la orientación general en el Gobierno, pero la acción vigorosa surgió de los órganos locales, formados en los ámbitos físicos y morales de Hispanoamérica. Esta compleja estructura institucional hacía imposible el Gobierno absoluto. Ninguna autoridad detentaba todo el Poder. La fuente nominal era el rey, pero sus poderes se desplegaban en una complicada organización. Además, cada una de las autoridades defendía celosamente sus propias prerrogativas. […] No fueron nunca colonias, sino parte integrante de la monarquía y sus reyes habían jurado mantenerlas unidas para su mayor perpetuidad, prohibiendo su enajenación, prometiendo y dando fe y palabra real de que para siempre jamás no serían enajenadas. Ninguna autoridad detentaba, pues, el poder omnímodo, ni siquiera el virrey, constantemente vigilado por la Audiencia, cuya función política ahora conocemos mejor, y aun por el cabildo metropolitano, como acaeció en Buenos Aires. No se había adoptado el principio de la división y equilibrio de los poderes, que es una conquista del siglo XVIII, pero había lucha contra la preeminencia de cualquiera de ellos. Las Leyes de la Recopilación de Indias nunca hablaban de colonias, y en diversas prescripciones se establece expresamente que son Provincias, Reinos, Señoríos, Repúblicas o territorios de Islas y Tierra Firme incorporados a la Corona de Castilla y León, que no podían enajenarse. La primera de esas leyes es de 1519, dictada para la Isla Española, antes de cumplirse treinta años del Descubrimiento, y la de 1520, de carácter general, es para todas Islas e Indias descubiertas».

«El principio de la incorporación de estas provincias implicaba el de la igualdad legal entre Castilla e Indias, amplio concepto que abarca la jerarquía y dignidad de sus instituciones, por ejemplo, la igualdad de los Consejos de Castilla y de Indias, como el reconocimiento de iguales derechos a sus naturales y la potestad legislativa de las autoridades de Indias, que crearon el nuevo Derecho Indiano, imagen fiel de las necesidades territoriales. Pues que las Indias no eran colonias o factorías, sino Provincias, los Reyes se obligaron a mantenerlas unidas para su mayor perpetuidad y firmeza prohibiendo su enajenación y en virtud de los trabajos de descubridores y pobladores y sus descendientes, llamados Los Beneméritos de Indias, prometían y daban fe y palabra real de que para siempre jamás no serían enajenadas. Conforme a estos principios, una Ley de Indias mandaba que por justas causas convenía que en todas las capitulaciones que se hicieren para nuevos descubrimientos se excuse esta palabra conquista y en su lugar se use de las de pacificación y población, para que aquella palabra no se interprete contra la intención superior». (Recopilación de las Leyes de Indias, Libro IV, Titulo I, Ley VI)

Que aún prevalezcan en nuestro solar patrio doctrinas foráneas que inspiran a los bolivarianos españoles, subversores de nuestro orden tradicional para despedazar lo que queda de la hispanidad en España (que ya es decir) constituye un delito que no se contempla en nuestros códigos penales, asimilable a ultraje a la patria. Hacer apología de derrumbe de la estatua de Colón en Barcelona, en palabras de Iglesias, infectado del odio a nuestra historia y a nuestra unidad, y aún más a nuestra idiosincrasia secular, es realmente lamentable. Iglesias representa aquello que decía el cronista romano Trogo: «los hispanos siempre están en actitud bélica, si no encuentran enemigos fuera los encuentran dentro». No tenemos peor enemigo que los que desde nuestras filas derrotan todo vestigio del pasado en nuestras ya modeladas mentes, enclaustradas en doctrinas que producen moldes mentales que falsifican la realidad.

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Pero todo esto no es casual. Los mismos que incendiaron y dividieron los virreinatos hispanos desvinculándolos de la madre patria son los que ahora están intentando dar el hachazo final a lo que queda de matriz del catolicismo, es decir España, tratando de arruinar nuestro futuro. Lo hacen desde logias o desde el satanismo mundialista, desde un Nuevo Orden Mundial que destroza las bases de la dignidad antropocéntrica del ser humano, rompiendo su naturaleza y cosificando la existencia de nuestra especie; y los derechos inherentes a su esencia. Ya lo manifestó el Papa hemérito Benedicto XVI al ex-ministro Jorge Díez en una entrevista que menciona, citando palabras de este extraordinario intelectual que es este Papa dimisionario. En esencia, Satán ha fijado su mirada en España, y estamos en vías de una tremenda arremetida que, sin duda, los españoles seremos capaces de frenar y resolver. Pues siempre, en las peores circunstancias surge la fuerza del espíritu en nuestra naturaleza. Y las raíces de nuestra civilización son demasiado profundas como para derribar un árbol tan robusto con un simple golpe de hacha, por muchos y fuertes contubernios que se produzcan. El bien siempre prevalece y se sobrepone al mal. Hay que tener confianza y rezar.

Imagen: DeaconR: Estatua de Cristobal Colón en Estados Unidos

Ernesto Ladrón de Guevara: Nueva defensa de la Hispanidad. Letras Inquietas (Enero de 2020).

 

Ernesto Ladrón de Guevara
Ernesto Ladrón de Guevara López de Arbina es un alavés enamorado de su cuna natal. Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Autor de libros como Nueva defensa de la Hispanidad, Los nombres robados, Educación y Nacionalismo (Historia de un modelo), Educando: Alternativas a la farsa pedagógica, La configuración del sistema educativo en Álava: Centralización y foralismo y La conformación de las masas: Qué es educación y qué no es. Lleva años colaborando en diferentes medios de comunicación digitales con sus artículos críticos respecto al uso y el abuso de la educación como medio instrumental para el logro de objetivos políticos mediante el adoctrinamiento. En la actualidad, escribe en La Tribuna del País Vasco y El Correo de Madrid y colabora en Radio Ya.




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Adáraga: ant. Escudo de cuero usado en la España medieval