La Nueva Derecha brasileña – Adáraga

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La Nueva Derecha brasileña


Sergio Fernández Riquelme | 05/02/2021

En Brasil esta teología política contemporánea era ingrediente fundamental de la emergente Nova Direita Brasileira. En el contexto político, moral y religioso de la guerra cultural entre soberanistas (identitarios nacionalistas) y globalistas (liberales progresistas), Brasil comenzó a jugar un papel decisivo, por su tamaño e influencia en Iberoamérica. De la bancada evangélica al presidente Bolsonaro.

Papel, primero de apoyo electoral y finalmente con un candidato a su medida, de la citada Nueva Derecha brasileña, muy influida por el pensamiento norteamericano neoliberal y/o neoconservador, y directamente opuesta a la llamada revolución bolivariana en Iberoamérica. Amplia y combativa plataforma ideológica soberanista, con intelectuales como Olavo de Carvalho, Reinaldo Azevedo, Rodrigo Constantino, o Berlanza; y referentes patrios como José Guilherme Merquior, Meira Penna, Joaquim Nabuco, Donald Stewart Jr., Carlos Lacerda o Roberto Campos. Y entre ellos cabe la pena destacar la influyente labor de Rodrigo Constantino dos Santos, economista brasileño conservador y columnista muy polémico para la revista brasileña Veja; el azote del Partido del Trabajo y sus aliados que denunciaba la falsa e instrumental persecución de las minorías (que era usada por Lula o Rousseff para dividir a la sociedad), el uso político del socialismo de los recursos públicos (para comprar los votos de los más humildes), a la poderosa Petrobras que hacía de Brasil otro Estado subdesarrollado dependiente del petróleo, y el estilo de vida de esa «esquerda caviar» que pregonaba la justicia y el reparto mientras atesoraba millones y se abrazaba con dictadores: «O Rio é vítima de uma verdadeira praga: a esquerda caviar, formada por parte da elite financeira e cultural do país. Seus membros posam de altruístas enquanto louvam ditadores sanguinários como Fidel Castro. Do conforto de seus apartamentos em Paris,porque ninguém é de ferro (…). Mas não creio ser apenas isso. Acredito que um dos fatores tem ligação com o sentimento de culpa dessa elite. E convenhamos: nada como uma elite culpada tentando expiar seus pecados. Com que facilidade ela adere aos discursos mais sensacionalistas e demagógicos. Chega a dar dó. Em um país que culturalmente condena o lucro e enxerga a economia como um jogo de soma zero, onde José, para ficar rico, precisa tirar de João, o sucesso acaba sendo uma ofensa pessoal, como disse Tom Jobim. Essa visão é um prato cheio para produzir uma elite culpada e desesperada para pregar aos quatro ventos as maravilhas do socialismo».

Eran las grandes banderas de un movimiento que, desde su soberanismo particular, asumía la tradición más auténticamente conservadora, del recuerdo loado al orden del régimen militar, el neoliberalismo económico más acusado, el cristianismo moral militante, el anticomunismo declarado, las propuestas de seguridad estrictas y la defensa de los valores familiares de toda la vida; pero ahora desde el uso de las redes sociales y desde el carisma más provocativo. Para Berlanza, miembro del staff del Instituto Liberal, suponía un verdadero «movimento profundamente plural no qual muitos de seus integrantes recusam a própria denominação. No caso brasileiro esse movimento aglutinaria: entusiastas do regime militar, que desejariam uma ação pela força para destroçar o atual estado de coisas; há conservadores que se moldam a um viés mais continental europeu, preferindo roupagem mais religiosa que defendem o retorno da monarquia; os que defendem mais e menos Estado (…) os libertários, que pregam a privatização de tudo quanto possam e, em um ponto extremo, chegam ao anarco-capitalismo».

En primer lugar era el Trump brasileiro, decían sus críticos: otro supuesto outsider del sistema liberal-progresista, declarado como anti-establishment. Militar en la reserva y durante años diputado irrelevante, de vida licenciosa y de exabruptos considerables, pero ahora líder de masas para clases medias asustadas e iglesias evangélicas en imparable ascenso en Latinoamérica (con el apoyo inicial de las enormes Asambleas de Dios de Silas Malafaia, y el final de la todopoderosa Iglesia Universal de Edir Macedo y del canal de televisión Record). Como Mr. Trump, Bolsonaro hizo su campaña desde la redes y desde el tiempo que les dieron los medios a sus polémicas; no contaba con un partido real o decidido detrás de él, presentándose como casi independiente; y parece que se vieron seducidos sus votantes por sus mensajes directos y crudos (sobre todos en temas de seguridad y valores). De manual para la ciencia política y demoscópica contemporánea, parece.

Era, además en segundo lugar, una amenaza para el orden democrático, subrayaban sus oponentes: xenófobo, machista, militarista, y varias decenas más de adjetivos poco políticamente correctos. E incluso llegaba a ser peor que Mr. Trump, terriblemente peor, como demostraba al dedicar la destitución de Dilma Rouseff (el impeachment a partir del espectacular escândalo do Mensalão) al militar autoritario Carlos Alberto Brilhante Ustra. La mismísima encarnación en la tierra no del mesías (en lo que sus oponentes dicen o no creer o creer en su versión solidario-deísta) sino del mismísimo diablo (en el que si creen, como una suerte de peculiar estandarte del denunciado como neoliberalismo neofascista) al que grupos de mujeres contrarias se opusieron en las redes y en las calles con la campaña viral #Ele Não.

Pero era también, en tercer lugar, la única alternativa, ese necesario redentor político-religioso de la patria, para decenas de millones de habitantes del país más grande de Latinoamérica, que se han puesto la camiseta de fútbol de la canarinha como uniforme de movilización. Un cristiano renacido, defensor de la autoridad frente al crimen y a la co-rrupción, un «cirujano de hierro» democrático ante la violencia estructural (uno de los países con más asesinatos del mundo) y la pobreza creciente (casi el 30% de la población), el penúltimo defensor del cristianismo neopentecostal frente a la llamada ideología de género, del trabajador emprendedor frente a los pobres subsidiados por el Estado (la famosa Bolsa Familia de apoyo a los sectores más humildes), y del nacionalismo brasileño frente al enemigo del Partido dos Trabalhadores de Lula y Dilma, considerado pro-venezolano, corrupto y comunista. Ese citado y pretendido Katehon al estilo paulino, de la patria y Dios, simple y llanamente; por ello su lema de campaña hablaba de «Brasil acima de tudo, Deus acima de todos».

Sergio Fernández Riquelme: Bolsonaro: El mesías brasileño. Letras Inquietas (Noviembre de 2020)

Imagen: Autor desconocido: Patriotas brasileños se manifiestan contra el comunismo

 

Sergio Fernández Riquelme
Sergio Fernández Riquelme es historiador, doctor en política social y profesor titular de universidad. Autor de numerosos libros y artículos de investigación y divulgación en el campo de la historia de las ideas y la política social, es especialista en los fenómenos comunitarios e identitarios pasados y presentes. En la actualidad es director de La Razón Histórica, revista hispanoamericana de historia de las ideas.







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