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Ucrania: el peligroso instrumento de la hitlerización del enemigo


Diego Fusaro | 15/03/2022

 Nuevo libro de José Antonio Bielsa Arbiol: Masonería vaticana

Cuando el orden del discurso toma el camino de la reductio ad hitlerum (como la llamaba Leo Strauss) del adversario, hay que empezar a preocuparse de verdad.

De hecho, esto no es nada nuevo. ¿Cuántas veces se ha evocado la figura de Hitler en los últimos años para referirse a quienes el Occidente atlantista ha identificado como sus enemigos, es decir, casi siempre como obstáculos a la americanización del mundo llamada modestamente globalización?

A lo largo de los años, hemos visto cómo Hitler tomaba forma en Saddam y Milosevic, en Gaddafi y Assad. La trama obscena era siempre la misma y, sin embargo, la mayoría de la gente, arteramente manipulada, seguía creyendo en ella, sin darse cuenta de la manipulación ideológica que se estaba produciendo. Por eso no es de extrañar que ahora aparezca un nuevo Hitler en la lista, Vladímir Putin. Era, au fond, la cosa más previsible del mundo. El perverso recurso de la hitlerización del adversario tiene una serie de consecuencias no despreciables, de las que aquí destacaré sólo algunas.

En primer lugar, tal dispositivo produce una deshistorización integral de las relaciones de fuerza, por lo que sustituye a la metafísica suprahistórica del mal absoluto. La concreción histórica y el diagrama de las relaciones de poder político y geopolítico, económico y social, desaparecen como por arte de magia, sustituidos por la metafísica del mal absoluto, que identifica cada vez el imprevisible advenimiento del nuevo Hitler siempre al acecho en la penumbra suprahistórica.

Y así, limitándonos al caso concreto de la situación ucraniana, desaparece de la escena la larga historia que nos ha llevado desde los años 90 hasta nuestro atormentado presente, con la irresponsable expansión de la OTAN y el igualmente irresponsable cerco a Rusia, es decir, las verdaderas condiciones que nos llevaron a esta guerra sucia. Hay que condenarlo, por supuesto: pero todo, desde el expansionismo de la OTAN hasta el gesto de Putin, debe ser condenado.

En lugar de estas condiciones históricamente determinadas, lo único que queda es la figura metafísica del nuevo Hitler que, una vez más, pasa a primer plano y, como el diablo en la tierra, causa estragos debido a su naturaleza inherentemente malvada. Una deshistorización completa de la situación, como se dice. Fuerzas metafísicas del mal contra fuerzas metafísicas del bien: el maniqueísmo 2.0.

En segundo lugar, la hitlerización del adversario niega a priori cualquier vía de negociación, de diplomacia y de posible resolución pacífica de los conflictos. Con el adversario se puede negociar pacíficamente, buscando acuerdos diplomáticos. Con Hitler, en cambio, hay que hacer necesariamente la guerra total, sin mediación posible. De este modo, la hitlerización del adversario se convierte en un peligroso instrumento para justificar la guerra total, o incluso la guerra mundial que con demasiada frecuencia ha sido evocada por muchos en las últimas semanas. El esquema del nuevo Hitler hace siempre justificables los desastres más obscenos, presentados de vez en cuando como respuestas dolorosas pero necesarias al mal absoluto.

En pocas palabras, ubi Hitler, ibi Hiroshima. Si el adversario no es tal, sino que es directamente el enemigo absoluto, el mal de la tierra, en una palabra el nuevo Hitler, entonces toda reacción está justificada y, además, es necesaria. Incluso, en casos extremos, la bomba atómica, que debería preocupar especialmente en un momento en que se evoca constantemente una posible guerra nuclear. Estas consideraciones, ojo, no pretenden en absoluto justificar la supuesta bondad de Putin. No existe la bondad, como tampoco existe la bondad de Biden, de Xi Jinping, ni de nadie en la escena política (basta con haber leído a Maquiavelo).

Simplemente, estas consideraciones pretenden alertar contra un recurso, el de la reductio ad hitlerum, que hoy se admite abiertamente y se utiliza en todas las latitudes sin la debida consideración crítica, sin una reflexión profunda sobre los supuestos y las consecuencias. Así, en el triunfo total del dogmatismo. Este dispositivo, además, contribuye cada vez más a poner en la picota pública las sacrosantas razones de quienes hoy, en Europa y en Italia, apoyan las razones de la paz, sabiendo muy bien que hay una enorme diferencia entre el correcto envío de apoyo al pueblo ucraniano y el peligroso envío de armas y soldados a Ucrania. «¿Acaso quieres apoyar a Hitler?», se pregunta indignado a quienes se atreven hoy (y es el caso del que suscribe) a apoyar las razones de la paz.

Diego Fusaro: 100% Fusaro: Los ensayos más irreverentes y polémicos de Diego Fusaro. Letras Inquietas (Julio de 2021)

Fuente: Il Fatto Quotidiano

Traducción: Carlos X. Blanco