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Contornos de un mundo multipolar (II): una cuestión de ideología


Ljubisa Malenica | 24/01/2024

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Como podemos ver, el surgimiento del orden mundial multipolar está, hasta ahora, perfilado por intereses contrastantes tanto en la política como en la economía global. Sin embargo, hasta ahora una cuestión ha quedado más o menos al margen de esta confrontación: la cuestión de la ideología.

Al observar dos campos geopolíticos involucrados en la lucha global entre los órdenes unipolar y multipolar, es relativamente fácil notar que el Occidente colectivo tiene una base ideológica más monolítica y claramente delineada, lo cual no es un comentario sobre su calidad, sino una simple observación de que países como Alemania, Estados Unidos, Japón y Australia han llegado a compartir la creencia de que cierto conjunto de ideas es fundamental para su existencia política.

El propósito de este texto no es abogar por la creación de un sistema ideológico unificado para los BRICS o cualquier otro grupo de estados que promuevan la multipolaridad. Esto sería una pérdida innecesaria de tiempo y recursos e iría en contra de las presunciones básicas de la multipolaridad en sí misma como fenómeno político. Un orden mundial no puede ser verdaderamente multipolar si las naciones que lo componen son simples copias unas de otras en lo que respecta a las normas sociales. Es necesario señalar, sin embargo, que lograr el surgimiento de un sistema verdaderamente multipolar requerirá resistencia a la imposición de la ideología occidental a las sociedades no occidentales. Esta imposición ha sido una característica destacada del momento unipolar estadounidense durante las últimas tres décadas, si no más.

La confrontación ideológica se convertirá en un elemento en la configuración del orden mundial multipolar. Desde la perspectiva del autor, esto es inevitable, no debido a la mera existencia de un sistema de valores individuales perteneciente a cualquier país que defienda la multipolaridad, sino debido a la naturaleza de la propia estructura ideológica occidental. Como se mencionó anteriormente, Occidente como colectivo ha estado promoviendo, durante mucho tiempo, la noción de que sus normas establecidas y derivadas, en todas las áreas del interés y la actividad humana, son universales en su esencia y, por lo tanto, universalmente aplicables. Ellas no lo son.

El hecho de que estos valores no sean universales ni universalmente aplicables no ha detenido a los países occidentales en sus esfuerzos por exportarlos a todo el mundo, con distintos grados de éxito. La creencia en la naturaleza universal del sistema ideológico occidental fue uno de los principales impulsos para su introducción forzosa en sociedades extranjeras. Vale la pena señalar que esta creencia no surgió de resultados y logros comprobados sobre el terreno, sino del celo ideológico dentro del sistema occidental, principalmente en Estados Unidos, pero también en otras naciones occidentales.

Dada esta fe en la universalidad de las propias ideas, todo intento de rechazar estos valores será percibido como un ataque y un desafío. Incluso los intentos de simplemente preservar las tradiciones y normas nativas se entenderán como un peligro para el orden unipolar. Desde la cosmovisión de Occidente, incluso la existencia de sistemas de valores alternativos es indeseable, dado que el mero hecho de su existencia priva a la ideología occidental de su estatus universal. La lógica es bastante simple. Si el sistema ideológico occidental es verdaderamente universal, entonces no hay necesidad de otros sistemas de valores. Además, todos los demás valores son, desde el principio, entendidos como deficientes simplemente porque sus orígenes se encuentran fuera del área de civilización occidental «apropiada». Un mundo multipolar no puede construirse sobre tales bases e incluso intentar una empresa de esa naturaleza es un ejercicio inútil.

La conclusión se vuelve clara. La multipolaridad no puede aceptar el sistema de valores occidental como algo más que un sistema particular de ideas nativas de cierta parte del mundo. La cualidad autoasignada de su universalidad será, por el flujo natural de los acontecimientos, cuestionada, lo que conducirá a una confrontación ideológica.
A diferencia de la anterior lucha ideológica entre el bloque occidental y la URSS, la nueva estará marcada por el enfrentamiento entre Occidente, cada vez más totalitario y anquilosado, y numerosos marcos culturales e ideológicos autóctonos, donde el principal objetivo de las potencias multipolares debería ser fortalecerse, así como el desarrollo de sus propios sistemas de valores nativos y tradicionales. Sólo con este esfuerzo, los países BRICS y otras naciones estarán socavando las pretensiones de la ideología occidental hacia el dominio universal. Mientras que Washington y sus aliados deben invertir recursos y tiempo para difundir y sostener su propia ideología, a todas y cada una de las naciones no occidentales les basta con invertir en sus propias tradiciones y culturas históricas sin necesidad de imponerlas a nadie más.

Este enfoque de bajo costo y alto rendimiento, que brindaría protección al modelo cultural histórico de la sociedad en cuestión, podría complementarse con la prestación de asistencia a otras naciones para preservar su propia especificidad cultural y tradicional. Esta sería una medida más proactiva, pero no sería una necesidad estricta. De una forma u otra, el peso de la confrontación recaería sobre el Occidente colectivo, que tendría que intentar imponer su estrecha visión del mundo a culturas y sociedades diferentes entre sí en mayor o menor medida.
Cabría preguntarse: ¿por qué es necesario refutar y rechazar el sistema de valores occidental? ¿Por qué es necesario añadir una dimensión ideológica a la confrontación geopolítica, política y económica que se ha vuelto característica del nuevo siglo? Esta lucha ideológica es inevitable. Ya está en marcha. Además, no se puede construir un orden mundial verdaderamente multipolar si el sistema de valores occidental preserva su pretensión de universalidad. Si imagináramos un mundo multipolar con la ideología occidental como base, no veríamos nada más que una iteración diferente de la hegemonía occidental, nuevamente dirigida por Estados Unidos. Además de las razones ya esbozadas anteriormente, la ideología occidental debe ser resistida y rechazada porque es, en esencia, inhumana y no abarca valores verdaderos que aboguen por su preservación.

Contornos de un mundo multipolar

Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Cuarta parte
Quinta parte

Traducción: Carlos X. Blanco