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El cónclave de 1958: ¿Habemus Papam?


José Antonio Bielsa Arbiol | 02/11/2020

 Nuevo libro de José Antonio Bielsa Arbiol: Masonería vaticana

La muerte del Papa Pío XII el 9 de octubre de 1958 iba a traer consigo un punto de inflexión en el decurso histórico de la Iglesia. Este momento, para una porción de tradicionalistas, tendría su concreción decisiva en el Cónclave del mismo año, en cuanto «raíz de la religión del Novus Ordo».

La tarde del 26 de octubre de 1958, y desde las 17:55 horas, la chimenea de la Capilla Sixtina comenzó a emanar la inconfundible fumata blanca: Habemus Papam. No podía haber dudas al respecto: tanto los testigos oculares presentes en la Plaza de San Pedro como el locutor de Radio Vaticano («El humo es blanco, no hay absolutamente ninguna duda que se ha elegido un Papa») confirmaban lo que, en efecto, parecía evidente: un Papa había sido elegido lícitamente en la tercera votación… Sin embargo, el nuevo Papa no se asomó al balcón, y a las 18:00 horas, sorprendentemente, el humo cambió a negro (fumata negra).

Dos días después, el humo blanco volvía a salir de nuevo de la chimenea de la Capilla Sixtina, y Angelo Giuseppe Roncalli irrumpía para convertirse en el Papa Juan XXIII, alias el Papa Bueno.

No por casualidad, Roncalli era el candidato favorito de la masonería y su elección fue festejada por todos los elementos hostiles a la Iglesia. La función de Roncalli iba a ser doble: por una parte, propiciar el Concilio Vaticano II, también llamado «Concilio de apostasía»; por la otra, preparar el camino para el advenimiento de Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI, el demoledor del Vetus Ordo.

Nota: Este artículo es un extracto del número 1de la revista en papel de Adáraga bajo el título de La Tesis Siri y la controversial perspectiva sedeimpedista.

El cónclave de 1958

1. ¿Habemus Papam?
2. La Tesis Siri