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La ecología vitalista de Ludwig Klages


Thierry Durolle | 03/03/2021

Salvaguardar nuestra «casa común», nuestro planeta y la naturaleza, es tan importante como preservar a nuestros pueblos, y más concretamente su origen étnico. De hecho, los dos trabajan juntos: el espíritu Blut und Boden y los movimientos Völkischen son ejemplos perfectos de ello. Algunos en el entorno de la derecha radical han adoptado o están tratando de ajustarse a este enfoque.

De hecho, como pagano, la cuestión de la ecología nos interpela. Aunque tiene una faceta operativa que no debe caer en el reduccionismo político (algunos planteamientos ecológicos, como la clasificación de los residuos, no son ni de izquierdas ni de derechas), podemos afirmar, sin embargo, que hay una ecología de derechas y una ecología de izquierdas, o más exactamente una ecología verdadera y una pseudoecología. Sobre la forma de concebir la ecología, así como sus orígenes, Giovanni Monastra y Philippe Baillet han abordado recientemente la cuestión con su libro Piedad por el Cosmos.

En este interesantísimo libro, el tándem franco-italiano pone en claro la ecología como fenómeno político (pero sobre todo como Weltanschauung) de la derecha. Para ello, presentan una serie de autores, muchos de ellos alemanes, influenciados por el Romanticismo, un movimiento que por su naturaleza rechaza en gran medida todos los valores defendidos por la filosofía de la Ilustración. Uno de estos autores ocupa un lugar especial en la obra de Giovanni Monastra y Philippe Baillet.

Ludwig Klages nació en Hannover el 10 de diciembre de 1872. Tras estudiar física, química, psicología y filosofía, fundó en 1884 la Asociación Alemana de Grafología junto con el escultor Hans Busse y Georg Meyer. Klages se hizo mundialmente famoso por sus trabajos sobre caracterización. Su obra incluye una importante parte filosófica, alimentada por el pensamiento de Bergson, Bachofen y la Lebensphilosophie de Nietzsche. Muy a nuestro pesar, la obra seminal de Ludwig Klages Geist als Widersacher der Seele (El espíritu como antagonista del alma) aún no está disponible en español.

Gilbert Merlio resume su idea principal en el prefacio de la edición francesa de Mensch und Erde de Ludwig Klages: «El logocentrismo, que ha triunfado desde la Ilustración, se contrapone a su biocentrismo o panvitalismo. Como todo buen filósofo de la vida, parte de la oposición entre mente y vida. Pero lo formula de otra manera: el alma es lo que conecta al hombre con el macrocosmos y le da acceso a las experiencias y visiones arquetípicas. El espíritu es una autoconciencia acósmica y al servicio exclusivo de una voluntad que busca modelar la realidad a su propia imagen. Al igual que Spengler en sus altas culturas, Klages ve una especie de dialéctica de la razón en la historia. Las grandes civilizaciones nacen de la colaboración del alma y el espíritu. Pero cuando el espíritu se emancipa, su acción cosificadora, que concibe la naturaleza sólo como materia racionalmente explotable, corta al hombre de sus raíces cósmicas y se vuelve peligrosa para la humanidad. Esto es lo que ocurre en la civilización industrial moderna».

Ludwig Klages, sin duda como consecuencia directa de su filosofía de la vida, de su biocentrismo, es uno de los precursores de la ecología, y más concretamente de la llamada ecología profunda. Por ello, el folleto El hombre y la tierra sintetiza su visión de la ecología y del mundo. El texto procede de un discurso pronunciado por Klages en el Festival de la Juventud celebrado en el Alto Meissner los días 11 y 12 de octubre de 1913. Durante mucho tiempo no disponible en la lengua de Molières, una traducción al francés fue publicada el año pasado por RN con un excelente prefacio del germanista Gilbert Merlio.

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Esta obra de acento poético tiene dos caras: por un lado, es una llamada a la vida, a la gran salud y al cosmos. Por otro lado, El hombre y la tierra adquiere el aire de una acusación sin concesiones al progreso y a la modernidad. Nuestros bobos Duflot y Cohn-Bendit se horrorizarían ante tal vehemencia contra sus dogmas y clamarían por la «plaga verde-marrón». «Allí donde ha llevado el poder del que se jacta, el hombre del progreso ha extendido el horror y la muerte a su alrededor». El manifiesto de Ludwig Klages está repleto de destacados ataques al Progreso. En efecto, es el espíritu fáustico de nuestra «Alta Cultura» convertida en Zivilisation, la raíz del Mal según él.

Más de un siglo después de su pronunciamiento, la llamada a la lucidez que constituye este breve pero intenso texto demuestra la clarividencia de Ludwig Klages. De hecho, predice los desastres del turismo y la alteración del reino animal causados por la extinción de muchas especies y la inutilidad comercial de una matanza tan masiva. Sobre todo, el autor señala que «las consecuencias del curso real de los acontecimientos, de los que todos los conceptos eruditos son sólo la sombra intelectual». En otras palabras, no hay vuelta atrás y la destrucción de la fauna es irreparable.

La ideología del progreso, el cientifismo y el capitalismo son algunos de los responsables de la destrucción del medio ambiente. El cristianismo también está entre las causas de la ruptura entre el hombre y la tierra. En efecto, en el caso del cristianismo, podemos afirmar, sin mal juego de palabras, que el gusano estaba ipso facto en el fruto ya que el verdadero y definitivo reino «no es de este mundo». Así, una de las necesidades del cristianismo consiste en «abolir la relación entre el hombre y el alma de la tierra», es decir, en «despaganizar» al hombre. Sin embargo, los argumentos de Klages son civilizatorios, no teológicos. «Si el progreso, la civilización, el capitalismo no son más que facetas de un mismo voluntarismo, bien podemos recordar que sólo los pueblos de la cristiandad son portadores de el».

Aunque influenciado por el pensamiento de Nietzsche, Klages ve con malos ojos el concepto de voluntad de poder (Wille zur Macht) que convierte al hombre en un «animal de presa» y, en extensión, legitimaría al mismo tiempo el concepto darwiniano de lucha por la vida. «La naturaleza no conoce la lucha por la vida, sino sólo la que resulta de la ayuda a la vida. Muchos insectos mueren después del apareamiento, y la naturaleza da muy poca importancia a la conservación mientras el flujo de vida siga vertiéndose en formas similares».

Por último, no podemos dejar de citar a Ludwig Klages cuando habla del sistema capitalista y del modo en que esclaviza al hombre, erigiendo en última instancia una auténtica sociedad de zombis estandarizados. Estas palabras de 1913 son tristemente actuales. «La mayoría de la gente no vive, sólo existe, desgastándose como esclavos del trabajo como máquinas al servicio de las grandes fábricas, confiando ciegamente en el delirio numérico de las acciones y las fundaciones como esclavos del dinero, para terminar como esclavos de las distracciones embriagadoras de la gran ciudad; sin embargo, se sienten sordamente en bancarrota y sombríos».

Texto fundacional de la ecología profunda, de un lirismo heredado del romanticismo alemán, breve pero completo, El hombre y la naturaleza de Ludwig Klages expone con claridad los problemas medioambientales, sus causas y consecuencias, así como los retos que nos esperan, todo ello visto desde la derecha. Este vademécum contradice la afirmación ingenua (o partidista) de que la ecología es de izquierdas. Dejaremos que Ludwig Klages concluya: «Ninguna doctrina devolverá lo que se perdió. Sólo una conversión interior de la vida podría ayudarnos, pero no está al alcance del hombre llevarla a cabo. Dijimos más arriba que los pueblos antiguos no tenían ningún interés en espiar la naturaleza mediante experimentos, sometiéndola a las leyes de la mecánica y derrotándola así con astucia con sus propios medios; ahora añadimos que habrían considerado esto como impiedad».

Fuente: Europe Maxima

Imagen: Peggy Choucair: Campo de cereales

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Thierry Durolle
Thierry Durolle es articulista.

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