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Vox cumple 10 años: de subirse a un banco con un megáfono a ser el tercer partido de España


Redacción | 16/01/2024

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El 16 de enero de 2014 hizo su presentación oficial en Madrid una nueva formación política que recibió el nombre de Vox. Entre sus promotores, se encontraban, entre otros, Santiago Abascal (ex-concejal del Partido Popular en Amurrio), José Antonio Ortega Lara (funcionario de prisiones secuestrado por la banda terrorista vasca ETA), el filósofo José Luis González Quirós o Ignacio Camuñas (antiguo ministro de relaciones con las Cortes por la Unión de Centro Derecha entre 1977 y 1979). Todo ello con el apoyo entre bambalinas de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), una institución que dirigía el propio Abascal y que recibía generosas subvenciones de la Comunidad de Madrid presidida a la sazón por la popular Esperanza Aguirre, un verso suelto en un PP cada vez más escorado al centro.

El partido tampoco presentaba nada nuevo respecto al Partido Popular de Aznar, salvo una crítica más acerada contra el sistema autonómico. Los mentideros periodísticos no se equivocaban al afirmar que Vox era, grosso modo, una vía de escape para los descontentos con el PP de Mariano Rajoy, por aquel entonces presidente del gobierno.

Efectivamente, Vox adoptó el discurso «aznarista» que el nuevo PP de Rajoy había abandonado por sugerencia de los asesores de Génova, 13 con el sociólogo Pedro Arriola al frente. Estos pregonaban que, si se quería mantener el poder, los populares debían apostar por el centro y relegar sus políticas e ideas más derechistas. Como se pudo ver en la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, el movimiento al centro del PP fue todo un éxito para el PSOE y no para los liberal-conservadores, que, todavía en 2024, siguen sin haber recuperado La Moncloa ni parte de su espacio electoral.

El «aznarismo» de Vox tampoco cosechó frutos. En su primera etapa, la nueva formación solo logró ir de derrota en derrota en las sucesivas citas con las urnas, la salida de la mayoría de sus fundadores y la percepción de que era un partido que no tenía ningún recorrido político. La imagen de Santiago Abascal subido a un banco con un megáfono en la mano en una calle de Sevilla daba la sensación de que el proyecto había fracasado por completo. En las elecciones generales de 2015 y 2016, el partido verde apenas superó el 0,23% con apenas 60.000 votos recibidos en toda España. Desde otras formaciones y ciertos medios de comunicación se rieron de estos resultados. Poco después dejarían de hacerlo.

Sin embargo, el separatismo catalán ofreció a Vox una posibilidad de salvación. La vergonzosa pasividad del ejecutivo de Mariano Rajoy ante el golpe de estado perpetrado por Carles Puigdemont et alia hicieron que el, hasta entonces dormido, pueblo español saliera a la calle masivamente para demostrar que Cataluña es España y que la secesión de ciertas regiones no sería algo tan sencillo como, ingenuamente, pensaban los separatistas.

Ante la bochornosa imagen de Mariano Rajoy totalmente paralizado y sin capacidad de discurso ni acción, más allá de hacer el ridículo enviando a combatir el golpe a un grupo de policías acuartelados en un crucero decorado por un Piolín, Vox encontró un camino en la selva de la política española. Su firme defensa de la unidad nacional y su crítica contra el despropósito autonómico que, guste o no, su implantación fue el polvo del lodo actual, calaron entre los españoles. Los tics «aznaristas» de la primera hora desaparecieron en mayor o menor medida y Vox comenzó a articular un discurso e ideario propio. Además de la defensa de España y su frontal rechazo al separatismo, la formación comenzó a explorar otros terrenos, apenas tocados por el resto de fuerzas políticas, como la inmigración masiva, su oposición a la globalización y un cierto escepticismo ante la Unión Europea, algo casi desconocido en una España que, hasta aquel momento, se había manifestado muy favorable con Bruselas.

Ahí comenzó el descomunal crecimiento electoral de Vox. De los 47.182 votos recibidos en los comicios generales de 2016, la formación liderada por Santiago Abascal logró 2,6 millones de papeletas y 24 diputados tres años después. Ante la imposibilidad de conformar una mayoría en el Congreso, los españoles volvieron a las urnas ese mismo año, superando en esa segunda cita los 3,6 millones de votos y 52 diputados.

2023 fue un año complicado para Abascal y los suyos. La recuperación del PP con Alberto Núñez Feijóo como candidato y el liderazgo moral e ideológico cada vez más fuerte de Isabel Díaz Ayuso suponían dos contratiempos para Vox. Efectivamente, los populares recuperaron en las elecciones generales de 2023 su condición de partido más votado en España. A pesar de la recuperación electoral mostrada por los azules (que, aún y todo, fue insuficiente para expulsar al socialista Pedro Sánchez de La Moncloa), Vox mantuvo el tipo y se estabilizó en los 3 millones de votos y 33 diputados, manteniendo así su estatus de tercera fuerza nacional tras el PSOE.

Este 2024 va a ser clave para el partido de Santiago Abascal. En primer lugar, la formación celebrará su congreso para elegir o ratificar a su dirección, a la que aspira ser ratificado Abascal. A priori, no parece que vaya a encontrarse con una oposición organizada y con opciones de disputar su liderazgo. En todo caso, el resultado del congreso y la puesta a punto ideológica y organizativa del partido que se realizará en el mismo serán claves para Vox en un año en el que se celebrarán elecciones al Parlamento Europeo y que se desarrollan bajo el modelo de circunscripción única, situación muy favorable para el partido. Además, todo apunta a que España volverá a las urnas más pronto que tarde debido a la situación de extrema necesidad de apoyos en la que se mueve Pedro Sánchez y el PSOE en la cámara baja. Un buen resultado en las europeas ayudará a qe Vox puede abordar con viento favorable un año que se antoja endiablado en lo político y en el que todo se puede ganar. O perder.