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Ahora y siempre en contra de la resiliencia


Diego Fusaro | 16/11/2021

 Nuevo libro de José Antonio Bielsa Arbiol: Masonería vaticana

Un espectro recorre el mundo: el espectro de la resiliencia. La resiliencia es, por supuesto, un perfil psicológico. Pero es también, inseparablemente, un comportamiento político, coherente con el evo del absolutismo propio del tecno-capitalismo y los deseos de los grupos patronales, exultantes al ver que pueden gobernar a unas masas oprimidas y resistentes; masas, es decir, capaces de absorber sin inmutarse y sin dar señales de alarma la violencia cotidiana sobre la que se asienta estructuralmente un sistema que tiene como premisa básica la explotación y la miseria de los más en beneficio de los pocos.

No se olvide entonces que, según lo que demostró Federico Rampini en un artículo publicado en La Repubblica el 23 de enero de 2013, el «dinamismo resiliente» fue la consigna lanzada en 2013 por el Foro Económico Mundial y por Obama, y por tanto por lugares y personas que se inscriben plenamente en el orden del bloque neoliberal hegemónico de tracción atlantista.

El homo resiliens se dobla y se levanta de nuevo, potencialmente incluso de forma indefinida, pero sin cuestionar nunca el mundo objetivo que siempre le hace caer de nuevo. Sucesor del ignorante confinado por Dante en el infierno, el hombre resiliente no pone zancadillas al mundo, sino que lo acompaña en todas sus dinámicas, incluso las más condenadamente injustas. Ni siquiera lo condena con las armas de la crítica, ni lo somete a una acusación mordaz, tomado como está por la satisfacción petulante de haber conseguido trabajar sobre sí mismo hasta el punto de aceptar, al final, lo inaceptable.

El resistente, de nuevo, es el ego indefenso que ve molestias personales y nunca contradicciones reales y que, en caso de desacuerdo con la realidad, prefiere el diván del psicólogo a la plaza de la revolución coral. Su ámbito privilegiado de acción y vida es la individualidad a la sombra del poder, el desarme de todo espíritu crítico y la mutilación preventiva de todo proyecto de futuro. Es el sujeto ideal de las masas pasivas y homologadas, en las que todos piensan y desean lo mismo, pero también del nuevo tiempo de las soledades telemáticas conectadas a través de internet y desconectadas de la realidad y sus palpitantes contradicciones que exigen ser resueltas en la práctica.

En definitiva, el resiliente es también el sujeto ideal del nuevo capitalismo post-1989 y, con mayor razón, de los desarrollos que está experimentando en las primeras décadas del nuevo milenio: el homo resiliens ha atesorado las peticiones que le han dirigido, en red unificada, los monopolistas del discurso y, por tanto, por mediación, el bloque neoliberal oligárquico. Ha aceptado ser sumiso en lugar de revolucionario, adaptativo en lugar de contestatario, cambiar para adaptarse al statu quo.

Al final, ha optado por hablar el lenguaje de su enemigo de clase, creyendo en el progreso (y, por tanto, en los logros de los grupos dominantes) y, sobre todo, asumiendo mansamente el comportamiento que los amos siempre han soñado en los esclavos. ¿No es el sueño inconfesable de todo amo gobernar a esclavos dóciles y mansos, en una palabra, a esclavos resistentes?

Diego Fusaro: 100% Fusaro: Los ensayos más irreverentes y polémicos de Diego Fusaro. Letras Inquietas (Julio de 2021)

Imagen: Schäferle: Hombre

Traducción: Carlos X. Blanco