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Ridículo del PP en la constitución de las Cortes: Alberto Núñez Feijóo debe dimitir o ser cesado


Redacción | 18/08/2023

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La historia de esperpentos protagonizados por el Partido Popular es muy larga y se remonta, prácticamente, a sus tiempos fundacionales. Sin embargo, lo sucedido en las últimas horas con la constitución de las Cortes y el inicio de la nueva legislatura bien podría servir como guión de una opera buffa si no fuera por la gravedad del momento político español.

Los hechos son sencillos: la dirigencia actual de Partido Popular, con Alberto Núñez Feijóo, sigue sin entender que: 1) el Partido Popular en solitario no puede aspirar al gobierno con sus 136 diputados y 2) el Partido Popular, para poder tener alguna opción (sin ninguna garantía de éxito, por supuesto) de formar gobierno, precisa del apoyo imprescindible de los 33 diputados de Vox más el concurso de varias formaciones minoritarias como, entre otros, Unión del Pueblo Navarro y Coalición Canaria.

Por alguna extraña razón, Núñez Feijóo y su equipo, formado por una recua de incompetentes contrastados como Borja Sémper, Cuca Gamarra et alia, han interiorizado el sinsentido de que los votos de Vox y, por consiguiente, sus representantes institucionales son una suerte de propiedad suya.

Feijóo y su equipo deben asumir que cuando un elector introduce una papeleta de Vox en una urna, vota a Vox y no al PP. Es cierto que, para poder expulsar a Pedro Sánchez y sus adláteres de La Moncloa, ambas formaciones están condenadas a entenderse. Pero una cuestión es la necesidad de un pacto entre las formaciones más representativas de la derecha sociológica para tener opciones reales de acceder al gobierno y otra pensar que Vox es una especie de marioneta del PP que puedan mover al gusto de Génova 13.

La imagen de Cuca Gamarra y Alberto Núñez Feijóo haciéndose los sorprendidos e indignados tras el voto de Vox a su candidato a la presidencia de la Mesa del Congreso apenas unos minutos después de que el PP impidiera, no se sabe con qué fin salvo el de agradar a los separatistas e izquierdistas de diferentes pelajes, que la formación verde (recordemos, tercera fuerza nacional en votos, porcentaje y escaños) estuviera representada en la misma. Sin duda, es sorprendente la visión de la política de pactos que tienen Feijóo y su equipo: yo no te voto pero tú a mí sí. Con estas hechuras y visión de los actuales dirigentes del PP, Pedro Sánchez tiene que estarse relamiendo ante la perspectiva de continuar en La Moncloa, posibilidad que se antojaba imposible hace no tantas semanas no solo para las firmas demoscópicas sino también para el propio PSOE.

Isabel Díaz Ayuso en particular y el PP de Madrid en general ya alertaron de que era imposible derrocar al «autócrata» Pedro Sánchez sin llegar a un entendimiento sólido y duradero con Vox. Alberto Núñez Feijóo, embriagado por las encuestas que le permitían acariciar La Moncloa en solitario, ignoró el buen criterio de la presidenta madrileña que, si de algo sabe, es de sacar mayorías absolutas. Aunque el sueño terminó tras el recuento del 23-J, Feijóo optó por priorizar sus deseos frente a la realidad y se enquistó en su tesis de que Vox estaba obligado a apoyarle a cambio de nada en el mejor de los casos o de su desprecio e insultos velados en el peor.

En las últimas horas, diferentes medios de comunicación han publicado que el malestar es profundo en ciertos sectores del Partido Popular ante la gestión de Alberto Núñez Feijóo. Más allá de manifestarlo ante los periodistas, los dirigentes del PP, conscientes de los imperdonables errores cometidos por el gallego y su equipo, deben exigir su dimisión o provocar su destitución. Aunque él no lo sepa o no quiera saberlo, Feijóo está amortizado políticamente y ha fracasado miserablemente en su misión y mandato.

Si el PP quiere expulsar a Pedro Sánchez de la vida política de una vez por todas y con garantías de éxito, ya sabe lo que tiene que hacer. Si los populares quieren, como decía su propaganda electoral, que llegue su momento de gobernar, ya saben lo que toca. Si no, se condenarán a vagar durante años en la oposición y, tal vez, a volver a recibir la espalda del electorado de derechas en un futuro no muy lejano.