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En recuerdo de Xaviel Vilareyo y en contra de los «bablegaitas»


Carlos X. Blanco | 10/05/2021

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Justamente en el mes de mayo, en día 19, pero en 2015, falleció el ilustre polígrafo asturianista don Xaviel Vilareyo. Escritor infatigable en castellano, asturiano y eonaviego, poeta, ensayista, autor teatral, cinéfilo, jurista, bloguero, Xaviel buceó en las raíces célticas de Las Asturias, luchó por la reunificación territorial de las Asturias de Oviedo y las Asturias de Santillana, y promocionó el acercamiento entre los territorios de raíz astur (del Eo al Asón).

Esta ingente labor de un hombre joven (falleció a los 48 años) fue sistemáticamente dinamitada por los llamados «bablegaitas», es decir, el asturianismo oficial y paniguado, izquierdista y falso, provinciano y provincialista. Valgan estas líneas para rendirle homenaje.

Tengo muchos amigos, sobre todo de fuera de Asturias, que no comprenden muy bien el significado de expresiones como «bablegaitas» y «cuencaminerismu«. Debo ser claro y preciso, y evitar toda mala interpretación, máxime si se tiene en cuenta que yo amo el bable, amo la gaita y considero que en las cuencas mineras hay gente maravillosa y preciosos pueblos y paisajes.

Muchos, entendemos por bablegaitas o, «comunistas del bable y la gaita» aquel conjunto de personas que, normalmente financiados por subvenciones públicas o dinero bajo cuerda, se dedican a usurpar y parasitar la labor asturianista e identitaria auténtica, mezclándola con consignas «batasunas», anti-sistema, ultraizquierdistas, etc.

En general, responden a un proyecto largamente gestado desde los años de la llamada Transición: desarticular toda verdadera conciencia identitaria de los asturianos, sustituir las tradiciones, las hablas y los símbolos ancestrales de los asturianos por otros postizos, normalmente de signo separatista, podemista y/o marxista-leninista.

Las filas de los «bablegaitas» guardan conexiones evidentes con el PSOE, IU, grupos de izquierda abertzale vasca y, ahora, con Podemos en todas sus variadas franquicias. Aparentemente hay diferencias entre ellos, y de manera retórica las exhiben en público, pero su estrategia de hostigamiento a las personas verdaderamente asturianistas-identitarias, como hicieron con Vilareyo, está orquestada de manera planeada y centralizada. También las campañas de silencio: se pacta acallar la labor de quienes se les oponen, en este caso cuando les resulta imposible la agresión. En general, no toleran a los independientes, a los creadores no partidistas, a quienes van por libre y «desideologizados». Nuestro llorado Vilareyo, si estuviera todavía entre nosotros, podría contar muchas anécdotas y síntomas, pues fue una víctima predilecta de estos «comunistas bablegaitas».

Muchos «bablegaitas», la mayoría, son insignificantes desde el punto de vista académico, profesional, cultural. Parasitan el tinglado de la música «radical» y el rap (me niego a meter el rap dentro de la música) de letras violentas, y también las causas marginalistas llevadas al extremo (supremacismo negro, feminismo radical, independentismo…). Muchos no se quedan sin publicar un librito de su autoría perfectamente subvencionado desde la administración socialista. Ensayos en bable que discuten si Belarmino Tomás hablaba en bable en la intimidad, o tratados sobre si ya había precedentes historiables del separatismo en alguna de las guerras carlistas del siglo XIX. Nada de valor o solemnes tonterías; todos ellos cuentan con un historial de trolls cibernéticos francamente impresionante. Labor destructiva y usurpación de un discurso identitario general que, en Asturias, les guste o no, nunca, nunca jamás, llegará a ser separatista sino todo lo contrario. La mayoría de los asturianos, el pueblo de pura cepa, es covadonguista, ergo españolista. Yo soy covadonguista y tengo por timbre de honor haber nacido en la Patria de Pelayo y de la Reconquista.

Este es el error capital del, por otro lado, estimable comienzo de Conceyu Bable en los años 70 del pasado siglo, rechazar el covadonguismo. Un comienzo en falso el de Conceyu Bable, un error de análisis y un reduccionismo lingüístico neorromántico (una nación, una lengua) de consecuencias desastrosas, en medio de algunos avances objetivos en la recuperación lingüística de nuestros bables. Los «bablegaitas» se agarran a ese comienzo en falso cual clavo ardiendo, mezclándolo con consignas y odios que a la mayoría de los astures nos resultan ajenos. Odios a la unidad de España, odios a las raíces católicas de la nación astur, madre de España.

Hay que tener en cuenta que, desde hace más de un siglo, en Asturias se metió mucha gente de fuera al calor de la revolución industrial tardía de España y del auge de las minas. Algunos de los hijos y nietos de ellos, los venidos de fuera, quizá por un mecanismo psicológico poco sano, pretendieron hiper-asturianizar sus sentimientos que, al ser falsos todavía, por falta de raíces y defectuosa integración en latitudes nórdicas, los formalizaron por vía del internacionalismo revolucionario o por vía de un separatismo émulo del de algunos vascos o catalanes. La gente del pueblo astur, desideologizada, les está dando la espalda sistemáticamente, pero algunos nos planteamos siempre de dónde sacan tanto dinero estos «bablegaitas» y «cuencamineristas», y por qué hay tanto interés en mantener ardiendo unas ascuas «revolucionarias» en un país envejecido, subsidiado y grisáceo como es la Asturias actual. Al movimiento de estos elementos nos referimos también con el término «cuencaminerismo»: la mitificación de la Asturias minera, roja y dinamitera que, se pongan como se pongan, fue una verdadera desgracia para Las Asturias, para España y para la civilización europea. Y, se pongan como se pongan, esa Asturias minera, roja y dinamitera es un «accidente» en la milenaria historia de mi país, un país que arranca con don Pelayo.

Lean a Vilareyo, sobre todo sus cruzadas en pro de una recuperación de la civilización astur, que se extendía desde la mariña gallega hasta las Encartaciones, desde el Cabo Peñas hasta Extremadura y Huelva… La Reconquista habla de ello. Gracias por haber leído esta reflexión. Para ti, Vilareyo.

Carlos X. Blanco: La insubordinación de España. Letras Inquietas (Abril de 2021)