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Una crítica al capitalismo y a la posmodernidad


Santiago Prestel | 17/03/2023

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Las élites globalistas han decidido aniquilar Europa. La población autóctona europea ha sido herida de muerte y abandonada a su suerte. La sustitución étnica programada por el capitalismo para conseguir una mayor y mas barata mano de obra, avanza sin freno, llevándose por delante los cimientos sobre los cuales se construyeron la mayor civilización y que más progreso ha traído al orbe.

Lo que subyace tras esta sustitución étnica son varias ideas promovidas por el capitalismo. La primera es el concepto de ejército industrial de reserva. Toda critica a la inmigración debe llevar aparejada una crítica al capitalismo. Una critica sin más a la inmigración es algo vacío y carente de sentido.

El capitalismo ha invertido el significado y la utilización de este concepto desarrollado por Marx: no es sino una muestra más de cómo el marxismo es uno de los brazos armados del capitalismo. Para Marx, el ejército industrial de reserva es una consecuencia directa del modo de producción capitalista. Una necesidad que asegura el buen funcionamiento del sistema. Ante la necesidad de mano de obra barata, el capitalismo la ha encontrado en los países subdesarrollados y del tercer mundo.

De esta manera la inmigración depaupera las condiciones de trabajo de los trabajadores nacionales. A mayor mano de obra, menos salario se puede ofrecer a quien lo único que puede hacer es vender su fuerza de trabajo. Esto hace que los trabajadores autóctonos de las naciones europeas pierdan posiciones de poder respecto a los Estados demócratas liberales. Uno de los fines de la sustitución étnica es realizar un intercambio de trabajadores, es decir, activar ese ejército industrial de reserva. Ese es su fin. Pero no solo esto ya que el capitalismo es directamente culpable del tráfico de personas y de las miles de muertes que suceden en las aguas del Meditérraneo, donde los inmigrantes pierden la vida.

Pero para que esta sustitución étnica puede ser llevada a cabo, el capital necesita llevarse por delante la cultura occidental. La sustitución étnica lleva consigo una sustitución cultural. Para cumplir este objetivo, ha difuminado por los extremos al marxismo y al liberalismo, fusionándolos en una sola ideología absolutamente performativa de la realidad: la ideología woke. El wokismo pretende unificar todas las culturas, homogeneizar el pensamiento. El wokismo no promueve la diversidad, promueve la unificación. Atomizar a los seres humanos en una masa informe.

El desarraigo es una de las características fundamentales de la posmodernidad. La sociedad posmoderna es el ámbito en el que se genera una moral de tipo universalista y una estructura individualizada del yo. La única forma de mantenernos firmes en una identidad colectiva solo puede venir dada a través de una adhesión étnica, cultural, religiosa y a una nación. Los seres humanos han perdido cualquier referencia ética o moral. De hecho, muchos de estos seres humanos no saben lo que son. Si el capitalismo les dice que deben ser una mesa, serán una mesa, pues su conciencia es la de la mercancía.

Así pues, la ideología woke pretende crear una cultura fragmentada, creada a partir de trozos de otras, con el único fin de que las personas no puedan sentirse reconocidas con ellas y llevar a cabo un proceso de alienación cultural. En este proceso se da una especie de canibalismo cultural, donde tiene a su disposición los restos de todas las culturas humanas.

Este proceso cultural es ante todo un proceso de desidentificacion del hombre, es decir, el hombre deja de identificarse con aquello que le pertenece: la tierra, la sangre, la nación o la tradición. Este proceso de desidentificacion es completado con otro proceso de identificación, con esa otra cultura fragmentada, a la que nos hemos referido antes. Si te iPdentificas con una cultura fragmentada es por que eres un ser humano fragmentado. Más manipulable y más controlable.

Por ello, hoy, quienes luchamos por nuestros pueblos, por nuestras naciones, por la sangre de nuestros ancestros debemos reivindicarnos como verdaderos supervivientes culturales. Somos herederos culturales, depositarios de la tradición. Lo característico del superviviente cultural es darse cuenta de la fragmentación de su alrededor, lo que le obliga a ser abiertamente subversivo. No nos queda mas remedio que ir a contracorriente de un mundo en ruinas, marcado por la decadencia.

Para el sujeto posmoderno, la identidad es algo a construir, algo fragmentario, que debido a la influencia del estructuralismo, provoca diversos devenires al ser, a lo largo de la estructura, obligando al ente a una errancia sin fin. Pero, para nosotros, para los supervivientes culturales, nuestra identidad no está en entredicho, sabemos lo que somos, sabemos de donde venimos y, por suerte, sabemos a donde vamos. La defensa de la raza, la nación o el cristianismo no son negociables, sino pilares en los que sustentarnos. Pilares fuertes, construidos por nuestros ancestros, que soñaron con construir un mundo mejor para nosotros. Por ello, no podemos fallar a quienes estuvieron antes que nosotros ni a aquellos que vendrán después. Al fin y al cabo, nosotros también soñamos con un futuro mejor.

Santiago Prestel: Frente al liberalismo: Por una alternativa nacional y soberana. Letras Inquietas (Diciembre de 2022)