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Entrevistas

José Antonio Bielsa: «Las ciudades de 15 minutos son un producto desquiciado de la Agenda 2030»


Redacción | 15/01/2024

 Nuevo libro de José Antonio Bielsa Arbiol: Masonería vaticana

Hoy entrevistamos al historiador y ensayista aragonés José Antonio Bielsa Arbiol. Considerado como uno de los investigadores de referencia sobre el Nuevo Orden Mundial en lengua española, acaba de publicar el libro Ciudades de 15 minutos: Objetivo: La jaula resiliente con la editorial Letras Inquietas.

Redacción: ¿Qué son las ciudades de 15 minutos? ¿Quién es el inventor de este concepto?

José Antonio Bielsa Arbiol: Se trata de un modelo de proyección urbanística basado en la economía de movimientos y la racionalización extrema del tiempo, en el que el no-epicentro del mismo vendría a ser el domicilio de cada ciudadano, coartado por el factor cronourbanismo como eje vinculante de la proximidad entre dos puntos determinados, con una distancia simbólica de quince o veinte minutos entre vivienda y destino. El principal difusor del concepto es el urbanista Carlos Moreno, todo un peón al servicio de la sinarquía. Realmente la ciudad de 15 minutos (en adelante, CQM) es un reciclado escasamente original de previas tentativas análogas, algunas de las cuales se remontan a los inicios del siglo XX (Clarence Perry), aunque sus orígenes remotos nos conducen directos al Panóptico de Bentham, es decir a la prisión perfectamente vigilada.

¿Qué cambios sociales, culturales, económicos y políticos supone la implantación de las ciudades de 15 minutos?

Múltiples y drásticos, aunque los voceros de este engendro siniestro pretendan afirmar lo contrario. En lo socio-cultural, este artefacto presupone una inversión del ámbito relacional válido, por cuanto dinamita el ser de razón de la polis, es decir el ágora, el foro, la plaza (léase lo propio del hombre): el espacio de interacción social que sostiene la vida occidental como una proyección hacia afuera, donde la realización del sujeto es una finalidad afectiva, socio-cultural y religiosa, y no un espacio vaciado de sentido al servicio del poder económico (al cual se subordina el poder político de turno); supresión pues del espacio público (Bauman) por los espacios múltiples de transición, con la consiguiente pérdida de autonomía del sujeto, reducido a su condición de bípedo necesitado de enseres y servicios, el cual se desplaza de un lado a otro, con la centralita de su nicho doméstico por punto de salida y retorno. Es un bucle hedonista y nihilista al tiempo, groseramente supeditado al más extremo materialismo. Ítem más: la CQM omite cualquier referencia al hecho religioso, al suprimir de su proyección hasta la más minúscula capilla… Las burdas zarpas de la masonería anticristiana se traslucen al analizar entre líneas esta pueril animalización de la humana existencia.

¿Existen ciudades 15 minutos en España?

Lo retórico de la pregunta bien puede resolverse afirmando que, cualquier ciudad media, en su natural y espontánea planificación, pongamos por caso Zaragoza o Bilbao, puede considerarse una CQM si anteponemos los restrictivos «quince minutos» de marras sobre otras consideraciones conceptuales. Otra cosa bien distinta es si la CQM-tipo ya está aquí. La respuesta, un tanto lacónica, es: «todavía no, aunque están en ello» (a ser posible antes del cacareado año de 2030).

¿Cuál es la relación entre las ciudades de 15 minutos y la Agenda 2030?

Manifiesta, de puro descarada. La primera (CQM) es proyección desquiciada y paranoica de la segunda (Agenda 2030). Punto primero: la Agenda 2030 es una proyección de ingeniería social antihumanista. Punto segundo: el Nuevo Orden requiere de espacios acordes a su perversa lógica estructural, con el nuevo paradigma de «sostenibilidad» y «eficiencia» por bandera. Corolario: la CQM sería así la solución provisional para acelerar la necesidad primordial, puesto que para controlar a la gente es preciso monitorear sus movimientos en espacios relativamente reducidos, y así más fácilmente hípervigilados por la tecnología 5G (un arma de guerra camuflada).

¿La pandemia del coronavirus ha servido como espoleta para activar esta forma de urbanismo, de movilidad y de control social?

La referida seudopandemia ejemplifica a las mil maravillas cuán importante es disponer de un poderoso caudal de recursos alternativos para acelerar una agenda que corría el muy real riesgo de paralizarse: el mundo de 2019 era bien diferente al mundo de 2021. Y así fue como la pandemia del coronavirus entró en escena, y las masas, incapacitadas por sistema tras largas décadas de adoctrinamiento, obediencia y deconstrucción de la «mente colectiva», aceptaron el «relato». La demanda de nuevos sacrificios impulsaría todo lo demás, proyecciones urbanísticas incluidas.

¿Existe alguna justificación (por ejemplo, el cambio climático) para la implantación de este tipo de ciudades?

No, rotundamente no. Aunque el fraude narrativo del “cambio climático” ya fuera una y otra vez desmontado y desautorizado por la ciencia legítima, los propagandistas de la CQM (gente asida a intereses sinárquicos) apelan emocionalmente a él, sin ofrecer a cambio otra cosa que no sea un jarabe empalagoso para atrapar a los cándidos…

¿La puesta en marcha de zonas de bajas emisiones en las principales ciudades españolas está vinculada al concepto de ciudades de 15 minutos?

Es otro pretexto-trampa ideado y servido al abrigo de los mismos intereses del NOM: control, sometimiento y acatamiento de los «mandamientos de Papá Estado». Reblandecidas las conciencias morales y debilitada la noción de pecado de nuestros coetáneos, un nuevo totalitarismo blando irrumpió en el desguazado (des)orden social: el miedo a las multas, a las penalizaciones por exceso de emisiones contaminantes… Demencial pero cierto.

¿Hay alguna forma de oponernos a esta concepción del urbanismo post-pandemia?

Huir en desbandada (y nunca mejor dicho) a las periferias, a los pueblos, a las casonas abandonadas, a lo más profundo del campo… En una palabra: vaciar las grandes macrocefalias, que van camino de ser inhabitables, y repoblar los rincones de la mal llamada «España vacía». Para luchar contra el engaño y la impostura dominantes, para luchar contra el verdadero enemigo del pueblo español (que es la abyecta castuza política y los medios de desinformación sistémicos), urge darle la espalda a este sistema criminal y agonizante del Régimen del 78, el cual se perpetúa por obra y desgracia de la necedad del grueso de nuestros coetáneos, creyentes enajenados en «Papá Estado». Mi receta es básica, pero implacable: ante todo, autarquía familiar y comunión cristiana. Casi nada.

José Antonio Bielsa Arbiol: Ciudades de 15 minutos: Objetivo: La jaula resiliente. Letras Inquietas (Enero de 2024)

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