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La debacle de la izquierda ante el PP y Vox en las elecciones municipales y regionales fuerza a Sánchez a adelantar las nacionales


Redacción | 29/05/2023

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Hoy a la mañana, con semblante cabizbajo, el presidente del ejecutivo de la coalición socialista, comunista, separatista y wokista Pedro Sánchez ha anunciado el adelanto de las elecciones generales para el próximo 23 de julio.

No ha sido una sorpresa el anuncio de Sánchez en los cenáculos políticos del país: la derrota que sufrió no solo el PSOE sino el conjunto de la izquierda (con la salvedad de EH Bildu en Vascongadas y Navarra) en los comicios municipales y autonómicos celebrados ayer fue de tal magnitud que sorprendió a propios y extraños. Ni los optimistas del Partido Popular esperaban semejante «marea azul» ni los más pesimistas del PSOE auguraban semejante debacle.

En la práctica, el PSOE ha perdido el poder regional que ostentaba hasta la fecha. Solo puede congratularse de mantener a duras penas Castilla-La Mancha, Asturias y tal vez Navarra, si los proetarras comunistas de EH Bildu lo tienen a bien. A nivel municipal, más de lo mismo: el PSOE ha sido erradicado para, al menos, esta nueva legislatura, perdiendo, salvo excepciones puntuales, la práctica totalidad de sus históricos bastiones.

Ante tal tesitura, Pedro Sánchez solo tenía dos opciones: la primera, esperar a diciembre, manteniendo las elecciones nacionales en su fecha prevista y aprovechar el medio año restante para intentar recuperar parte del voto perdido. La segunda, adelantarlas lo antes posible para que la hemorragia no sea mayor a cada día que pasa. Esta última ha sido la decisión tomada por Sánchez, lo que es una forma de admitir que, salvo la reedición de un 11-M, un 15-M o un Prestige contra la derecha sociológica, su estancia en La Moncloa ha llegado a su fin.

Respecto al Partido Popular, lo de siempre. Nadie espera la abolición de las principales leyes aprobadas por Sánchez, Otegui, Iglesias y demás ralea. Nadie espera una batalla cultural por la hegemonía, a pesar de lo propicio de la situación. Como es habitual, el PP hará de la falsa moderación su discurso y dejará sobrevivir (cuando no colaborar) a la izquierda que ha destruido la nación más antigua de Europa. El votante medio del PP sabe que la formación liderada por Alberto Núñez Feijóo no es más que un mal menor pero mal a fin de cuentas.

En cuanto a Vox, la formación liderada por Santiago Abascal prosigue ampliando su base regional y entra a la mayoría de los parlamentos regionales y concejos municipales. No obstante, su capacidad de acción será limitada por las diferentes mayorías absolutas obtenidas por el PP que hace innecesario su apoyo. Sin embargo, si Vox sabe aprovechar su posición en aquellos lugares en los que los populares precisan de apoyos, podrá continuar su crecimiento como tercera fuerza nacional.

Por último, cabe recordar que la solución a los problemas de España (que son muchos, variados y graves) no llegará por el mecanismo de depositar un papel en una urna. Es necesario un cambio de paradigma social porque los lodos de hoy son los polvos de los últimos cuarenta años. Por ello, más que nunca, la prioridad de España y de los españoles no debe ser echar a Pedro Sánchez de La Moncloa, a pesar de que se trata de una condición necesaria, sino dar la batalla cultural e imponer nuestra hegemonía en el terreno de las ideas. Solo así, mediante la reconquista cultural, podrá salvarse España.