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¿Por qué un ateo puede y sobre todo debe celebrar la Navidad?


Santiago Prestel | 23/12/2023

 Nuevo libro de Santiago Prestel: Contra la democracia

A estas alturas, creo que todos sabéis mi ateísmo confeso. Pero, también, que allá donde he ido, he defendido el catolicismo y lo seguiré haciendo porque forma parte de mi identidad, de mi cultura y, sobre todo, porque gracias a la cruz, España creço un Imperio en el que jamás se ponía el sol. Otra cosa es lo de creer, eso es otro cantar y no he sido bendecido con la gracia de la fe pero tampoco se me ocurriría negar la existencia del Jesús histórico como el otro día vi que andaban haciendo algunos por las redes sociales.

Por otro lado, todo el que me conoce sabe de mi apego hacia todo aquello que considero que forma parte de la revolución. Considero lo revolucionario como algo transgresor, como aquello que rompe con el sistema impuesto. Como aquello que rompe la norma y nos coloca por encima, incluso más allá del bien y del mal. A donde quiero llegar es a la festividad que vamos a celebrar estos días: la Navidad. Porque ya no solo celebrar la Navidad se está convirtiendo en un acto revolucionario sino incluso felicitarla. Ayer me dijeron «felices fiestas». Creo firmemente que la persona que me lo ha dicho lo ha hecho sin maldad, seguramente ni se ha dado cuenta, pero ese «felices fiestas» esconde algo que a mi me aterra, que no es otra cosa que la pérdida de nuestra identidad. La Navidad es algo nuestro, característico de nuestra civilización.

En un mundo donde el islam avanza a pasos agigantados, es posible que dentro de dos o tres generaciones ni siquiera se pueda celebrar y cuando eso pase, podremos decir que nos habrán arrebatado todo al elimiinar nuestra forma de vida. Ademas, el sistema, tras mas de cuarenta años de democracia, se ha asegurado el adoctrinamiento de muchas generaciones, a las cuales les ha ido quitando la identificación con nuestras fiestas y todo lo que ello significan. El sistema ha inculcado (y sigue haciéndolo) entender la Navidad algo reaccionario, de tiempos ya pasados. Y, es quizá, por ello, por lo que sabiendo de nuestro espíritu revolucionario debamos felicitarla aún más convencidos de que, con ello, estamos haciendo el bien. Supongo que al final, la vida va de eso: de tratar de hacer el bien.

No voy a daros mas la tabarra, es Navidad y todos tendréis cosas mejores que hacer que leerme. Tampoco voy a desearos paz y amor, los que me conocen saben que esas dos cosas conmigo no casan mucho pero sí deseo que disfrutéis plenamente con vuestros seres queridos de la que es, al menos para un servidor, nuestra celebración más entrañable, sobre todo para los más pequeños. Que mantengamos (o al menos, lo intentemos) el verdadero espíritu de la Navidad, que disfrutéis de vuestras familias (nunca se sabe cuándo puede faltar alguien a la mesa) y que felicitéis la Navidad a todo el mundo, ya no solo si creéis o no, sino como acto revolucionario en sí. Nos leeremos de nuevo en 2024. Feliz Navidad.