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Europa y sus agujeros negros: nuestra sentencia de muerte


Carlos X. Blanco | 26/03/2024

 Nuevo libro de Santiago Prestel: Contra la democracia

Vivimos en una época peligrosa, un tiempo critico en el cual nuestra misma civilización puede quedar reducida a cenizas, polvo y nada.

Los españoles, y europeos en general, parecemos ovejas dispuestas a ir al matadero. Sumisos y cabizbajos, aceptamos a la chusma roedora que nos ordeña y saca la sangre. Votamos a partidos corruptos, teledirigidos por la CIA y el MI6 desde su mismo instante fundacional, y llamamos todavía «democracia» al régimen consistente en depredar «lo común» a favor mandarlo todo a cierto anónimo y recóndito sumidero, fuera del continente, al que confluye toda la plusvalía mundial.

Los españoles asistimos, como eunucos y embotados, al anuncio de una posible sentencia de muerte. No era bastante con la bravuconada del pequeño Napoleón-Macrón: Pedro Sánchez también manda soldados a Europa del Este, pues ya no basta con el solo envío de material bélico. Con nuestros soldados va a pasar como con la policía. El sucio tirano no puede ejercer su tiranía sin manchar a todas las instituciones. Lo va haciendo con todas, las que había antes del Régimen del 78, y las que surgieron después. Nuestra policía y ejército ya existían antes del «papelito» llamado constitución, ese que entronizó al Campechano, el ladrón de ladrones. Pero también están siendo manchadas. ¿Qué habrían de hacer nuestras instituciones armadas para seguir con honra?

La policía, dando palos a españoles de bien que defienden el campo y defienden la unidad de la patria, en lugar de proteger las vallas de la España africana, en vez de perseguir hasta el mar, y más allá, al violador, al ladrón, al competidor desleal y al colonizador cultural.

El ejército, acudiendo a sus Erasmus cerca de Ucrania, en lugar de estar vigilando la frontera sur, pertrechando tropas y bocas de fuego en Ceuta y Melilla, así como Canarias, alertas ante posibles nuevas marchas verdes. La marina, interceptando barcos esclavistas y taxis-patera, salvaguardando nuestras costas y haciendo respetar nuestra soberanía.

Pero no. Con el culo mirando hacia sur, y la cabeza gacha hacia la Meca, la lengua lamiendo las botas de Mohamed y Biden, nuestra Margarita y nuestro Pedrito envían tropas al lejano Este. Lo hacen para confrontar a quien es hermano, y a quien ningún daño a España hizo: al pueblo ruso.

Las escenas narradas mil veces, por mis mayores, la de miles de niños asturianos embarcados en el puerto de Gijón hacia Rusia, amorosamente acogidos por este heroico pueblo, me vienen a la mente. Hay miles de españoles que se convirtieron en ciudadanos rusos y allí, bajo el tan denostado (hoy) comunismo, en dicho país recibieron esmerada educación, un futuro y una nueva patria. ¿A este pueblo tan digno, el ruso, el principal campeón sobre el nazismo, erguido por encima de todos los roedores occidentales que han querido destrozarlo, a este imperio-nación, quieren los Pedritos y demás enanos otanistas plantarle tropas y confrontarle? Vamos, hombre.

Odioso gobierno el que busca enemigos donde no los hay, y esquiva a los verdaderos, que en el sur abunda, adversarios e invasores que van a chuparnos a todos la sangre.

Podrán decir que 700 militares españoles son pocos. Y un puñado de miles de franceses, también. Pero se ofende tanto siendo pequeño como grande. Una ofensa es una ofensa, aunque venga de Liliput. Y la verdad es que, militarmente, España y Francia son hoy pequeñas cucarachas encaminadas a ponerse bajo la pata de un oso gigante, que las pisará sin apenas darse cuenta.

Detrás de todo esto, una comedia de «teléfono rojo» al estilo Kubrick, hay otros afanes. El futuro «ejército europeo» será siempre, como ahora, un montón de soldaditos de plomo, a punto de derretirse ante los primeros impactos de los pepinos hipersónicos. Pero detrás de la palabra «ejército» hay que poner “industria». Esta es la verdad oculta: impulsar enormemente el gasto militar, desguazar el Estado del bienestar e imponer un sólido sistema de control del pensamiento (auténticamente orwelliano) para perfeccionar la dictadura europeísta. De Kiev, acabarán los corruptos oligarcas y asesores huyendo ratonilmente en helicópteros, como ya hicieron en Vietnam, Kabul, etc.

Pero fuera del limes de la tan odiada Rusia, aquí, en casa, la noche totalitaria irá cayendo más y más, y el clima de guerra servirá para garantizar (crecientemente) los flujos de plusvalía, cayendo éstos en los consabidos agujeros negros que, por cierto, no se ubican en Europa. Negra noche. Con posible lluvia radiactiva.