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Salman Rushdie: el destino de un hombre y la cobardía de Occidente


Frédéric Sirgant | 16/08/2022

 Nuevo libro de José Antonio Bielsa Arbiol: Masonería vaticana

El único libro de Salman Rushdie en mi biblioteca es su biografía a cargo de Joseph Anton que publicó hace diez años. Quizá nunca hubiera conocido a este escritor si no fuera por su destino. Este libro es su autobiografía. Es quizás el libro que deberíamos releer en este momento para llorar la tragedia de este hombre y la cobardía de Occidente. Y sobre lo que puede venir después.

La fuerza del escritor es haber comprendido que ahora era un actor involuntario, un juguete en la tragedia de nuestra complacencia con el islamismo. Que esta parte de su vida fue, por desgracia, sólo el prólogo, como confirma el atentado del viernes. Como todos los grandes escritores, la modestia de su humor está en todas partes: la fatwa le cae encima el día de San Valentín, cuando su matrimonio está en las últimas. Como todos los grandes escritores, es visionario en cada página.

El pasaje de La Tempestad de Shakespeare que destaco: «Salvo que algunos han sido así salvados por el destino, para realizar un acto del que este pasado es el prólogo, y cuya decisión está en tus manos y en las mías».

El prólogo, con la fábula del «primer mirlo»: «Su historia es una especie de prólogo. Cuando comienza, él es el único interesado, es una historia individual, particular, específica. Nadie se siente inclinado a sacar conclusiones de ello. Tendrán que pasar una docena de años o más antes de que la historia empiece a llenar todo el cielo, como el Arcángel Gabriel de pie en el Horizonte, como dos aviones que se estrellan contra altas torres«.

Las primeras palabras del libro, su respuesta a un periodista que le preguntó cómo se sentía ante la noticia de la fatwa: «Su respuesta, soltada sin pensar, fue: no es agradable. La conclusión fue: soy un hombre muerto».

Las palabras finales de la contraportada: «La historia de Salman Rushdie es sólo el primer acto de un drama que sigue desarrollándose cada día en algún lugar del mundo».

El libro es hermoso en su crónica de esta atípica vida privada, en particular las relaciones (por teléfono) con sus hijos y sus madres, a quienes está dedicado el libro, y los caprichos de la protección policial. Es desarmante en su relato de las muchas cobardías de Occidente ante esta fatwa: círculos literarios («el frente unido del mundo literario empezó a ceder…»), diplomáticos o gobiernos. La misma cobardía que se desprende de los tuits actuales de quienes nunca trabajaron realmente por la abolición de la fatwa. Tuits que podrían incluirse en este libro.

La lección conmovedora y trágica de Rushdie es el valor, la perseverancia, la ironía frente a toda la grandilocuencia indignada que lo permite. Pero también es que la literatura, por muy bella e imprescindible que sea, no será suficiente para sacarnos de la pesadilla islámica.

Esperamos con impaciencia que el libro se incluya en el programa de todos los exámenes y oposiciones. Obviamente, bajo el tema de la lucha contra todo oscurantismo…

Fuente: Boulevard Voltaire